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Autor Tema: Deep Space  (Leído 15249 veces)
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KIRA-USS
Jill Valentine

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Última visita: 08 de Octubre de 2014, 11:59:01


« en: 24 de Octubre de 2011, 01:36:37 »



Portada realizada por Vicky Redfield

Nota del autor:
Esta serie comenzó a publicarse originalmente en otro foro, del cual sigo siendo miembro activo, y está basado en los avatares de sus miembros o ex-miembros. Su nombre original era SPACE SOFS, pero dado que los personajes de esta historia solo cojen los nombres de los avatares y no las personalidades reales, he decidido modificar el título por DEEP SPACE. Cada capítulo se publicará semanalmente. Espero que lo disfrutéis.

1. DESPERTAR

La hibernación es un auténtico coñazo. Vale que permita que puedas pasarte meses enteros en estado de suspensión mientras el resto del universo sigue con su vida, pero el proceso implica que no puedas enterarte absolutamente de nada. Podría nacer tu hija, morir tu padre o estallar la puta nave y tu mente seguiría estando desconectada de todo aquello que conocemos como tiempo.

Nunca me ha gustado entrar en esos tubos criogénicos. Me dan escalofríos. La única seguridad de que tu vida va a estar a salvo mientras duermes, completamente vulnerable, depende de unos circuitos de ordenador preprogramados. Un fallo en los sistemas de soporte vital… y adiós pequeña.

Los seres humanos no deberían estar alejados de la realidad tanto tiempo. La gente que trabaja en estas naves suele envejecer con muchísima lentitud. A menudo vuelven a sus casas para encontrarse con que sus hijos han tenido nietos. Por ese motivo la mayoría de la gente que se dedica a este negocio apenas tiene familia.
Somos los únicos capacitados para desempeñar nuestro trabajo sin sucumbir a la locura de que tus hijos te doblen los años.

Los demás pensaban que estaba loca y me acusaban de ser una anticuada, pero me acojonaba el hecho de pensar que no iba a poder despertarme si algo malo ocurría. Los muy mamones siempre se burlaban de mí, tachándome de cobarde e instándome a que madurase de una vez. ¡Al cuerno con ellos! Sabían que por mucho que patalease, gritase o maldijese, al final acabaría metiéndome en el jodido congelador.

Al menos tenían la bondad de emborracharme antes de cada sueñecito, lo que tiene sus ventajas desde luego. Cuando el mecanismo cesa la hibernación, apenas se siente el entumecimiento que agarrota los músculos cuando llevas tanto alcohol en las venas. Debo ser la única mujer que ha disfrutado de meses de cogorza congelada.

Aquella mañana volví a agradecer la embriaguez que me invadía cuando sentí que la puerta de acceso al tubo se deslizaba de sus raíles y ascendía, permitiendo que el aire viciado y mil veces reciclado de la nave se introdujera en mis fosas nasales.

La tumbona no era lo que se dice cómoda, pero tampoco importaba. Prácticamente en cuanto te metías en el tubo los sistemas internos te inducían el sueño automáticamente. Apenas tenías tiempo de decir buenas noches cuando Morfeo te llamaba a sus reinos.

Abrí los ojos mientras me incorporaba a medias. La brillante luz del techo me cegó al instante y me obligó a apartar la mirada. Parpadeé numerosas veces hasta que las siluetas y los colores a mi alrededor se volvieron identificables.

Algunos de los demás ya estaban poniéndose en marcha. Conseguí ver algunas formas borrosas alejarse lentamente. Dios… Parecía que acababa de verlos entrar en sus cubículos hacía unos minutos, esa era la ilusión de la hibernación. Sin embargo, era consciente de que en realidad habrían pasado unas tres semanas desde nuestra salida de la Estación de Salvamento Samara. Un viaje bastante breve tratándose de nuestro oficio desde luego. Era de agradecer.

Salí tambaleándome del tubo como pude y eché un vistazo a mi alrededor. Cuatro de los díez tubos criogénicos se mostraban tan vacíos como el mío. Como siempre, el del capitán Revel era uno de ellos. Ese tipo siempre salía disparado del tubo en cuanto se abría la puerta. Creo que nunca lo vi recién levantado.
Todavía estaba algo aturdida por el alcohol, pero conseguí dirigirme sin problemas hacia la habitación de las taquillas, contigua a la de los refrigeradores.

Joder, ¿por qué hacía ese maldito frío? Se suponía que Rockatansky debía haber configurado la calefacción para que preparara la nave unas horas antes de que los sistemas de la nave nos despertaran.
La fina camiseta de tela blanca y las braguitas que usaba para los sueños de hibernación no cubrían una puta mierda y sentía que toda la piel se me estaba poniendo de gallina.

En la habitación de las taquillas me encontré con Heresy y Desierra, los pilotos de la nave. Ambos estaban echando un cigarrito con aire distraído, sin ninguna prisa por vestirse. Se ve que el frío no les afectaba demasiado.

–Hola Kira, ¿cómo va esa trompa? –me preguntó Desierra exhalando una bocanada de humo.

–Mejor que la tuya por lo que puedo ver a través de esos calzones… Tu sistema de hibernación debe estar estropeado. Te ha dejado congelado de cintura para abajo, campeón.

Heresy soltó una carcajada y golpeó amistosamente con el codo la barriga del veterano piloto.

–Eso es porque últimamente no utiliza demasiado la palanca de mandos. Se ve que la hibernación no puede engañar al cuerpo…

Desierra alzó ambas manos mientras negaba con la cabeza con una sonrisa en la boca.

–Chicas, chicas... No sabéis cuanto agradezco vuestra preocupación y sabed que estáis autorizadas a descongelarme cuando vosotras queráis.

La piloto, sin quitarse el cigarro de la boca abrió su taquilla mientras comentaba burlona:

–Vete a sacar la cabeza por la escotilla, viejo verde.

Desierra se agarró el estómago como si aquel comentario le hubiera sentado como un disparo. Las dos nos reímos ante aquella posición. El piloto tenía solamente cuarenta años, pero era el de mayor edad en toda la nave y solía sufrir las bromas del resto de la tripulación.
Heresy tampoco era una cría. Había cumplido los treinta y tres hacía poco pero era tan lanzada y charlatana como una quinceañera. Los tres tatuajes de su cuerpo unidos al corte de pelo masculino le daban un aspecto rebelde que encajaba perfectamente con su personalidad. Ambos pilotos se llevaban como anillo al dedo. Cualquiera que escuchase alguna de sus bromas acabaría pensando que formaban un matrimonio de viejos amargados.

Tras apagar el cigarro en un cenicero de su taquilla, los dos se marcharon con sus respectivas ropas bajo el brazo a comenzar su jornada laboral mientras yo abría mi desgastada taquilla y trataba de localizar mi mono de trabajo.

A mi espalda un saludo acompañado por un bostezo exagerado precedió la llegada de Zuzka, la médico de la nave. Tenía la misma edad que Heresy pero eso era lo único que tenían en común. Zuzka era más reservada e introvertida, lo que resultaba irónico teniendo en cuenta que ejercía también de psicóloga de la nave. Su actitud era más seria y profesional de lo que la chiflada de Heresy podría llegar a ser jamás. Llevaba sus morenos cabellos envueltos en un moño, donde permanecían sus gafas de lectura, que jamás había llegado a verle puestas.

–Zuzkita… –le dije amistosamente– cariño… Necesito uno de tus“cócteles”. De lo contrario voy a acabar pintando las paredes de la nave con el contenido de mi estómago.

La médico murmuró alguna afirmación seguida de un taco mientras abría su taquilla y se ponía su mono blanco por encima de la camiseta y las bragas.

Por mi parte logré ponerme el maldito traje que me correspondía, un mono de color grisáceo bastante hortera con líneas amarillas en los bordes de las mangas y las cremalleras. Siempre lo había odiado pero en aquel momento agradecí el escaso calor que me proporcionaba.

Calzándome las botas de trabajo apresuradamente, me dispuse a salir de la estancia y poner rumbo a la sala de navegación, pero unas manos fuertes me sujetaron por los hombros y me obligaron a dar la vuelta.
Era Fobos, el novato de la tripulación que había sido asignado al servicio de técnicos en prácticas. También era un buen colega de la academia. No le había visto desde la graduación, pero nos habíamos reencontrado cuando había sido asignado a la Mary Faith por puro azar del destino.

–¿A qué viene tanta prisa? ¿No me das un besito de buenos días? –preguntó con sorna.

Era típico de él. Era un bromista constante. Aliviaba la tensión en los momentos dramáticos y en los no dramáticos. Era su don y su maldición, además de su constante problema con las mujeres. De alguna forma yo era la única fémina que le había conocido sin quedar prendada por él. Una de las propias profesoras de la academia era una buena prueba de ello. Lo que para el resto de tíos parecía una bendición, él lo consideraba un coñazo. Así no había quien echara un polvo de una noche sin parecer un auténtico cabrón según decía.
Las bromas sobre el tema en cuestión eran abundantes entre nosotros. Una amistad consolidada por el tiempo.

–¿Un besito? ¿No prefieres una patada en tus partes? Fijo que así despiertas del todo.

Tras poner una pose defensiva imitando un chillido karateca soltó una carcajada y se dirigió a sus tareas.
Por mi parte, recorrí los estrechos pasillos hasta llegar a la sala de navegación, donde ya se encontraban Desierra y Heresy en sus respectivos puestos al frente de la nave.
Desde su silla de mandos, el capitán Revel terminaba de dar unas instrucciones de aproximación básicas a los pilotos. El capitán llevaba el pelo rubio peinado de punta, al estilo militar y de su cuello colgaban unas chapas de identificación que revelaban la naturaleza de su antiguo servicio como soldado en las colonias exteriores, siendo parte de un pelotón de exploración. Siempre mantenía cerca de él su preciada boina verde, incluso durante la hibernación. En aquellos momentos, el peculiar objeto reposaba sobre la consola de mandos.

La sala de navegación tenía un aspecto semicircular con cuatro terminales de control en la parte posterior, seguidas por una quinta y una sexta, situadas en una plataforma a un metro más de altura que el resto de la estancia, a la que se llegaba subiendo unos pocos peldaños. Desde la posición dominante, el capitán y su mano derecha podían dirigir a todo el equipo sin que nada obstruyera su visión.
Al verme llegar, el capitán Revel giró su asiento y lo encaró en mi dirección.

–Ocupa tu puesto, pelirroja. Tenemos trabajo que hacer.

Revel siempre me había tratado mejor que al resto, a los que solía meter bastante caña. Supongo que porque llevaba un par de años en esta tripulación (aunque en realidad habría que sumarle otros cuatro que había pasado en hibernación), todo un récord en comparación con la mayoría de los que estaban allí.

–¡Más rapidez señoras! ¡Los sistemas deben estar operativos antes del desayuno!

Una potente voz de mando tronó desde la consola contigua a la del capitán. Pertenecía a Greylion, el segundo oficial al mando de la Mary Faith y el más veterano después de Revel. El hombre había formado parte del Cuerpo de Marines Coloniales durante nueve años hasta que se licenció y abandonó el servicio. La disciplina militar era clara en su forma de hablar pero no en su estilo. Llevaba su melena envuelta a duras penas en una coleta y una barba de varias semanas. En su brazo derecho lucía con orgullo un antiguo y extinto animal de la Tierra sobre las negras y enormes iniciales del Cuerpo de Marines. Era el único que vestía de manera informal, llevando un chaleco verde con una camiseta negra y unos pantalones grises.

–El equipo de ingenieros ya está comprobando los sistemas y motores. Nos darán su confirmación en diez minutos, señor –comentó Lia, que había entrado apresuradamente detrás de mí.

Después de alzar la cabeza como forma de saludo, se dirigió a su consola y se centró en su tarea.

–Perfecto. En pocas horas llegaremos hasta el punto de destino. Kira, quiero datos de navegación sobre los sistemas periféricos, emisiones de radioespectro y el estado de las comunicaciones con la Estación Samara.

Asentí y me dirigí a mi puesto. Jodida resaca, me iba a costar un huevo centrar mi cabeza, pero debía esperar hasta el desayuno si quería que Zuzka me pasara su cóctel mágico.
Mientras, me dediqué a observar las líneas y flujos de datos que se descargaban rápidamente por mi terminal de trabajo. Recé para no echar la pota sobre los controles…
« Última modificación: 26 de Febrero de 2012, 05:19:11 por KIRA-USS » En línea



¡¡¡CAPÍTULO 25-REVELACIONES PUBLICADO!!!


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« Respuesta #1 en: 24 de Octubre de 2011, 04:29:43 »

Kira de nuevo... ¡Genial! XD.

No lo voy a negar, me gustó mucho tu historia. Me recuerda un poco a la desubicada película que sacaron de Final Fantasy, no es que la película sea mala, pero pasó lo que pasó con las pelis de RE. Siempre me han gustado mucho esas historias sobre el espacio, Star Wars, Halo, etc...

Ahora, con respecto a una "critica": Me encanta la forma en la que narras, o narra Kira, y esa cierta naturaleza que se describe en lo que sucede alrededor. Ahora lo único que te falta es una "razón de ser" de tu historia, seguro que ya la tienes planeada pero no se muestra aquí, así que solo te falta ese motivo, ese problema, ese asunto que se tiene que resolver. Para que sea aún mas atrapante.

Bueno... ¡Felicidades y espero el próximo cap.!

¡Saluti!
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« Respuesta #2 en: 26 de Octubre de 2011, 01:32:29 »

2. METEORA

Miré el contenido del vaso frente a mí con una expresión de asco y resignación. La sustancia verdosa de aspecto empalagoso que rebosaba por los bordes era la especialidad de Zuzka para las resacas, una auténtica bomba que ponía el cuerpo en su sitio de una forma brusca e inmediata. El detestable sabor era un precio a pagar por mis excesos, pero era justo lo que necesitaba para hacer que mi cuerpo estuviera de nuevo en forma.
Haciendo un inmenso esfuerzo por no saborear el contenido, bebí apresuradamente hasta que el vaso quedó vacío. Al momento noté una sensación de calor por todo el cuerpo que fue apartando poco a poco el entumecimiento en el que parecía sumida.
Zuzka se limitó a observarme desde el otro extremo de la mesa, desaprobando mi comportamiento con cara de pocos amigos. No se lo reprochaba. La mujer, aparte de ser la oficial médico a bordo, era una auténtica experta mezclando bebidas y todas ellas resultaban deliciosas, salvo la que precisamente debía tomarme para acabar con la resaca.
Una vez pasada aquella desagradable parte, me concentré en la excelente disposición de alimentos que se presentaba en la mesa, producto de nuestro técnico y también cocinero, Beste. El joven también solía dedicarse en los ratos libres a la mezcla indiscriminada de sonidos extravagantes de todo tipo, fusionando cualquier estilo musical que hubiera sonado alguna vez en cualquier sala de ruido del maldito universo. Cuando ponía todos los sistemas con el volumen máximo, me daba la impresión de que la Mary Faith fuera a explotar.
–Bueno capitán… –comenzó a decir Fobos–, ¿qué hacemos en este rincón alejado de las rutas comerciales habituales? ¿Cuál es el trabajo?
El capitán Revel observó al novato casi con sorpresa. Todos sabíamos que el capitán tenía por costumbre ponernos al día en cuanto a las órdenes recibidas por la empresa después de la comida. Como era obvio, el técnico en prácticas no podía conocer esa costumbre.
Cogí un zumo para quitarme el amargo sabor del cóctel de Zuzka justo cuando el capitán se decidió a hablar:
–La Estación Samara captó una señal de emergencia proveniente del retículo Z-2. Sin embargo, la transmisión estaba dañada y en mal estado por lo que tuvimos que establecer un enlace de comunicaciones en busca de algún signo que pudiera indicar su origen. Los analistas descifraron el código y hallaron las directrices y protocolos pertenecientes a la División del Cuerpo de Marines Coloniales de los EEUU.
–¿Los marines? –preguntó interesado Desierra.
–Así es –confirmó el segundo oficial que hasta el momento había permanecido en silencio–. Envíamos un comunicado oficial pero no hubo respuesta por parte del Ejército. Para indagar más en el asunto traté de ponerme en contacto con mis antiguos conocidos del Cuerpo. Sin embargo, ninguno de ellos pudo confirmarme que hubiera una nave de los Marines en esa zona.
–¿Y eso qué significa? –preguntó Fobos.
El capitán retomó la exposición a partir de ese momento:
–Los Marines se involucran en todo. Lo más probable es que se trate de una operación secreta. Algo debió salir mal y enviaron una señal de auxilio por los canales no autorizados. El Ejército niega cualquier implicación para evitar la opinión pública y por otro lado envían su propio destacamento. Hace años nos pasó algo parecido, llegamos al destino solo para que nos dieran una palmadita en la espalda y nos obligaran a dar media vuelta.
–¿Y por qué no usar su propio sistema de comunicaciones para impedir una intromisión externa? –señaló Desierra.
–Quizá la situación se descontroló. No podemos saberlo. Pero el silencio por parte del Cuerpo de Marines ha obligado a que la Estación Samara actue de acuerdo con el Código de Salvamento de Naves y Estaciones Espaciales, el cual expone en su apartado primero, artículo veintiuno, que toda petición de rescate debe ser investigada.
–Genial… –comentó sarcárticamente Heresy mientras soltaba por lo bajo una retaíla de tacos. Era compresible. Meterse en asuntos militares por problemas burocráticos era todo un riesgo. Si los militares veían su presencia como una violación de seguridad, podrían mandar la Mary Faith al infierno con una milésima parte de su poder bélico.
Greylion mandó callar las quejas con un golpe sobre la mesa y comenzó a exponer el protocolo de actuación:
–Estamos a dos horas del lugar de la emisión. Para entonces quiero a todo el mundo en sus puestos. Espero que cumpláis con vuestras obligaciones así que no la caguéis nenes.
El resto de la nave se limitó a asentir y acabar con lo que quedaba de sus desayunos.
La situación no me gustaba un pelo. Perder el tiempo era una de las cosas que más odiaba en el universo, aunque lo cierto era que tenía una buena lista de cosas a las que odiar.
Acabé con lo mío y me dirigí a mi habitación tras recoger parte de la mesa. Mi camarote era un puñetero y acogedor zulo de dos por cuatro con una litera y una diminuta mesa atornillada a la pared en la que apenas cabía mi ordenador de cubierta, con el que repasaba los datos del trabajo durante las tardes aburridas. Un par de revistas y novelas de terror era lo único que llenaba la estantería anclada sobre la litera. Un diminuto lugar de la nave al que podía llamar mío. La única decoración que me había molestado en poner era la foto de mi hermana, pegada a la pared con adhesivo. Hacía años que no la veía. Trabajaba en un puesto de vigilancia en la frontera de aquel basurero llamado Tierra.
Sacudí la cabeza y decidí seguir con mi trabajo. Como navegante mi labor consistía en situar coordenadas en la computadora central, trazar el curso de los viajes y calcular los datos de aproximación de los cuerpos planetarios. Un trabajo de números en su mayor parte. No era demasiado emocionante, pero se me daba bien. En caso de emergencia podía efectuar una maniobra de acercamiento por control remoto de la nave hasta una posición de seguridad, aunque con Desierra y Heresy a los mandos, la probabilidad de que tuviera que hacer algo así era muy remota.
Cuando me alisté en este grupo, hace lo que parece un millón de años, me atraía el riesgo de las misiones de salvamento. Ayudar a la gente en situaciones descontroladas y con mil peligros que evitar. Resultó ser un sueño estúpido. Casi nunca había un trabajo realmente duro. En muchas ocasiones las naves que debíamos rescatar acababan con fugas por descompresión y toda la tripulación moría asfixiada antes de que tuviéramos tiempo de aparecer. En el resto de los casos, prácticamente colocábamos un tablón entre las dos naves y los hacíamos desfilar entonando un “¡hola! ¡bienvenidos a la Mary Faith!”. Sin problemas.
Los pequeños y aislados enfrentamientos con naves piratas habían sido el foco de toda la emoción que había vivido hasta ahora y los Cuerpos de Seguridad y el Ejército habían acaparado toda la atención del momento.
Supongo que debería sentirme aliviada por ello, pero lo cierto es que necesitaba algo de acción antes de acabar golpeándome la cabeza contra el reactor hasta morir.
No recuerdo cuánto estuve divagando hasta que el sistema de megafonía comenzó a sonar por todos los recovecos de la nave. La voz de Desierra requería la presencia de toda la tripulación en la sala de navegación. No pude evitar notar en su tono de voz una cierta impresión que jamás le había oído con anterioridad.
Recorrí los pasillos metálicos rápidamente y atravesé la compuerta abierta, solo para detenerme en seco y contemplar perpleja la mole de acero que podía apreciarse a través de los ventanales que daban al espacio exterior. A mi alrededor, el resto de miembros de la tripulación permanecía en el mismo trance. Todos estábamos como idiotas mirando con cara de asombro a aquella cosa. Una nave de combate de los Marines.
En comparación con la Mary Faith, la nave de guerra parecía aún más gigantesca de lo que en realidad era. Recordaba haber leído en algún sitio que aquellas cosas tenían capacidad para un millar de soldados. Su diseño externo era semejante al del rifle de pulsos estándar que llevaban los soldados. En uno de los laterales lucía el nombre de aquella monstruosidad bélica: Meteora.
La estructura parecía un enorme cuerpo gris en mitad del oscuro vacío que de no obstruir la visión de los cuerpos celestes que plagaban el espacio, probablemente hubiera pasado desapercibido ante sus ojos.
–Grey, informe –comentó Revel sin dejar de observar la nave.
El segundo al mando parecía ser el único al que no perturbaba ver aquella nave. Lo que no era de extrañar conociendo su pasado militar. El veterano tenía los brazos cruzados ante él y comenzó a hablar sin inmutarse:
–Es una nave de respuesta rápida militar de los Marines. Trescientos ochenta y cinco metros de longitud, cincuenta de ancho, y ochenta y cinco de altura. Capacidad máxima para dos mil tripulantes en caso de emergencia. La tripulación estándar ronda los noventa. Estas naves están prácticamente automatizadas y apenas necesitan supervisión. Debemos comunicar nuestra presencia de inmediato o corremos el riesgo de que prueben puntería contra nuestros motores.
Observé por el rabillo del ojo que Lia, sin necesidad de que nadie se dirigiera a ella, comenzó a pulsar botones y a preguntar por el micrófono acoplado a su terminal.
–Nave de combate de los Marines, aquí la nave de salvamento Mary Faith en misión de rescate. Respondan, cambio.
Pudo contemplar los destellos luminosos de las luces de señalización brillando sobre la cubierta de la mole de acero. La nave seguía teniendo energía. ¿Pero por qué no respondían? ¿Un fallo en la transmisión?
Me dirigí hacia mi puesto y ordené un escaneo térmico y un análisis de la insfraestructura de comunicaciones mientras oía la voz de Revel dando las órdenes pertinentes.
–Bien, parece que hemos encontrado nuestra nave perdida. Jefe de ingenieros, coja a sus hombres y vayan por sus equipos. Los quiero en la escotilla de emergencia dentro de cinco minutos. Lia, sigue intentando establecer contacto. Utiliza señales visuales de todo tipo. Desierra, da un rodeo. Quiero saber si tienen daños externos por descompresión. Heresy, quiero un punto de acceso seguro para que el equipo de campo comience el rescate. Kira, búscame un mapa de la nave y reúne todos los datos de interés sobre su infraestructura. Greylion dirigirá el equipo de campo, quiero que estéis dentro de esa cosa en menos de diez minutos. ¡Moveos!
Sin pensar en nada más, me sumergí en mi trabajo como había hecho otras muchas veces. Descargué el mapa del servidor de defensa del cuerpo de marines con mi autorización especial y marqué las áreas importantes a toda prisa, asegurándome de señalar la depuradora de agua y aire, la armería, la zona del hangar, el almacén de alimentos, la sala de hibernación y el puesto de control.
Los hangares serían probablemente el punto de acceso que Heresy elegiría dada la disposición de la nave. Rockatansky y su equipo tendrían que revisar los sistemas del reactor para evitar fuga de líquidos peligrosos y mi trabajo consistiría probablemente en comprobar las últimas lecturas de los paneles de control de la nave.
El mismo procedimiento en una nave diferente. Además tenían a Greylion para guiarles por la nave. ¿Qué podía salir mal?
Un pitido me informó de la finalización del escaneo térmico. Tan solo unas pocas señales vitales dispersas aparecían en el monitor. ¿Acaso estaba estropeada aquella máquina? Un par de formas de vida, puede que un trío, era toda la presencia con vida que mostraba aquella nave de guerra. ¿Cómo podía ser aquello?
Ninguna de mis suposiciones podría haber acertado con la verdad de lo que había sucedido a bordo de la Meteora.
« Última modificación: 19 de Enero de 2012, 05:47:25 por KIRA-USS » En línea



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« Respuesta #3 en: 29 de Octubre de 2011, 06:46:40 »

Bien, por fin lo he leído y he de decir que me ha gustado mucho, me gusta esa forma de narrar que tiene la protagonista, me recuerda a Jill en el sentido de malhablada y directa. Bien, como te he dicho no soy un experto en esto, pero no he encontrado fallos en el fic, como mucho... quizá un par de malas expresiones, pero eran fallos "técnicos" que escribiste sin querer... Ahora mismo es muy tarde, y no recuerdo donde te has equivocado exactamente, sé que es en el capitulo uno... pero tengo un poco de sueño y no estoy muy espabilado que digamos xD

No soy muy fan de la saga Alien, si te soy sincero solo me he visto la parte en la que sale el protagonista de Hellboy, pero sé que tiene una trama muy elaborada, las sagas "futuristas" no suelen atraerme mucho la verdad, pero me gusta mucho como se expresa la chica, y como lo narras, sinceramente, estoy acostumbrado a la narración en tercera persona, y nunca he visto una en primera persona...(no al menos de un texto muy extenso como este) me ha gustado mucho. Sigue publicando semanalmente por favor, me interesa ver que hay dentro de Meteora, aunque ya me lo imagine. No me gustan las tramas futuristas, pero si lo que es "Dead Space" o los propios Aliens jajaja.

Yo también he publicado un pequeño fic de un solo capitulo como el que tu hiciste, y creo que tu critica me ayudaría mucho a mejorar como escritor, espero que te pases a ver mi fic algún día.

En fin, eso es todo, Saludos.
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« Respuesta #4 en: 01 de Noviembre de 2011, 10:27:17 »

3. CONTACTO

Mientras permanecíamos amarrados en los asientos del módulo de rescate, no pude evitar sentir una leve sensación de claustrofobia. Estar encerrada en aquel espacio rectangular mientras Heresy pilotaba bruscamente los mandos al tiempo que soltaba tacos cada vez que la nave se desviaba unos centímetros de su curso, no me trasmitía ninguna tranquilidad.

Las respiraciones del resto del equipo eran agitadas y muchos de ellos se removían en sus asientos con nerviosismo. Ninguno teníamos la menor idea sobre lo que habría podido suceder en aquella silenciosa nave.
El análisis del casco concluyó que la Meteora no había sufrido ningún tipo de fuga. El flujo de energía en sus sistemas no había sufrido daños y toda la nave permanecía con sus luces de señalización activadas, lo cual no era algo habitual a no ser que estuvieras entrando en un puerto espacial. Una nave militar con las señales luminosas encendidas en mitad del espacio era algo tan llamativo como un árbol de Navidad en la oscuridad. Era una evidente llamada de atención. ¿Quizá porque querían que los encontraran?

Los sistemas planetarios más cercanos eran simples rocas muertas y apenas se había investigado su composición y posible utilidad como sistemas mineros. De cualquier forma, aquellos planetas estaban a varias horas de vuelo por lo que no era probable que la nave estuviera en mitad de una misión así que… ¿dónde demonios estaba la tripulación?

Ante los muchos intentos por establecer contacto con los tripulantes sin resultado, no nos había quedado más remedio que intentar acceder por las compuertas inferiores de los hangares de carga principales.

El módulo de rescate en el que viajábamos era una nave auxiliar de la Mary Faith para realizar aproximaciones y desplegar al equipo allá donde la nave madre no pudiera llegar.

Los hangares de la nave de combate Meteora eran espaciosos, pero no estaban diseñados para facilitar el acceso a una nave de salvamento como la Mary Faith. Llevar al equipo en aquel transporte estrecho y alargado era la única forma segura de acceder a la nave. Pero con Heresy a los mandos… Bueno, no era que me sintiera segura precisamente. Más bien llevaba los ovarios a punto de saltar de mi boca del acojone ante cada maniobra que aquella piloto demente se empeñaba en realizar.

La maldita zorra era una temeraria de los pies a la cabeza y solía bromear con Desierra sobre cuantos accidentes había sufrido sin tener víctimas mortales. Puta desquiciada.

Podríamos haber abierto los cierres herméticos que daban acceso al hangar con nuestros soldadores, pero queríamos evitar fugas por descompresión. Si resultaba que había algo o alguien en el hangar en el momento de la fuga, saldría disparado al espacio sin remedio y el capitán Revel había dejado muy claro que quería comprobar el estado de la nave sin dañarla lo más mínimo.

Ojalá alguien se lo hubiera dicho a nuestra piloto, que parecía empeñada en intentar limar la superficie del casco con las paredes del módulo de rescate. Todo el maldito cacharro crujía y daba la impresión de que iba a caerse a pedazos al siguiente impacto.

A través de uno de los ojos de buey, observé que estábamos ascendiendo por la escotilla exterior. Aquellas salidas estaban diseñadas para el despliegue de lanzaderas militares durante misiones de acción rápida. Las pequeñas naves de guerra eran soltadas sobre el objetivo como si fueran bombas mientras llevaban en el interior de sus panzas de acero a pelotones enteros que desplegaban rápidamente en el campo de batalla, antes de salir disparadas de nuevo al espacio para apoyar a las tropas desde el aire. No es que fuera una entendida en el rollo militar, pero había leído algunos artículos sobre el tema.

–Al habla Heresy… Efectuando acercamiento al Meteora. Desviando potencia a los propulsores verticales. Efectuando maniobra de frenado en diez segundos y a mi señal. Cerrando escotilla exterior.

Las compuertas de acero se cerraron bajo nosotros con un potente chasquido. A continuación, la segunda compuerta se abrió y Heresy condujo la nave hasta el hangar.

Con una maniobra que estuvo a punto de convencerme para saltar y estrangular a aquella mujer antes de que nos matase, la nave se poso finalmente, llevándose por delante unos cuantos bidones del suelo que acabaron rodando hacia el otro extremo de hangar.

–Ups… eso estuvo cerca –se limitó a decir la piloto mientras apretaba los dientes y dejaba que los anclajes metálicos se posaran en el suelo.

Todos nosotros nos sacudimos bruscamente con el golpe y la nave dejó de moverse al instante. Heresy soltó una risita burlona, se giró en su asiento y nos echó una mirada socarrona.

–Espero que hayais disfrutado del vuelo nenes. Ahora haced el favor de sacar el culo de mi nave y poneos a trabajar. ¡Suerte!

Algunos intercambiamos entre susurros unos comentarios acerca de la madre de la piloto y nos pusimos en marcha. La compuerta del módulo de rescate se abrió y saltamos al frío y metálico suelo del hangar.
Greylion fue el primero en bajar y echó un vistazo rápido mientras el resto del equipo le seguíamos.

La extensión era inmensa y las paredes ascendían al menos diez metros. Un par de lanzaderas de combate permanecían sobre sus respectivos lugares de reposo, al igual que decenas de cajas de armamento y munición. Todo tipo de bártulos estaban desperdigados por la superficie del hangar. Incluso pude ver media docena de misiles para la lanzadera, aún sujetos por un robot elevador que alguien se había olvidado de devolver a la zona de carga.

Greylion se puso a la cabeza de nuestro pequeño grupo, no sin antes echar una mirada al módulo de salvamento y hablar con Heresy, quien ya estaba apoyada junto a la compuerta encendiéndose un cigarrillo.

–Quiero que estés alerta. No sabemos qué ha pasado aquí y no quiero que nuestra vía de escape se vea comprometida.

La piloto dio un par de golpecitos con la palma de la mano a la cartuchera de su pantalón a modo de respuesta. Todos los del equipo llevábamos armas. Era una norma de la compañía. En situaciones como áquella, solo Dios sabía qué podríamos encontrarnos y era preferible ir armados a toparnos con sorpresas indeseadas.

–Estaremos en contacto por radio en todo momento –siguió diciendo Greylion–. ¡En marcha!

El equipo de ingenieros avanzaba detrás del líder del equipo mientras que yo me limitaba a cargar con mi portátil donde guardaba todos los programas y sistemas de descodificación que había podido introducir. Por un momento pensé que debía haberme gastado el dineral que me pedían cuando me ofrecieron aquel cómodo ordenador de muñeca en la Estación Samara. Era una tacaña de mierda y estaba pagando las consecuencias. La próxima vez me permitiría gastarme unos cuantos billetes en material de calidad.

–Rockatansky, quiero que os dirijáis hacia la sala de motores y hagáis una revisión completa de los sistemas. Kira y yo comprobaremos el puente de mando. A ver si podemos averiguar qué ha pasado aquí.

El hombre asintió y se detuvo unos segundos mientras hablaba conmigo sobre la mejor forma de llegar a la sala de motores. Le hice un plano rápido de la estructura y los diferentes niveles siguiendo las especificaciones de mi monitor. Si se perdían, tan solo debían volver tras sus pasos y empezar de nuevo.

Atravesamos las puertas del fondo del hangar y ante la primera intersección nos dividimos. El equipo de ingenieros se dirigía hacia el otro lado de la nave.
Fobos no parecía muy convencido de que separarse fuera la mejor opción.

–Deberíamos ir todos juntos. Aún no sabemos qué es lo que ha pasado en este sitio.

El líder de equipo se puso frente al ingeniero en prácticas y le lanzó una mirada desafiante.

–Por eso vas a cumplir con tu trabajo y te irás a comprobar los sistemas funcionales de esta nave. ¿Entendido, novato? –le dijo Greylion con un tono de voz autoritario que, aunque no convenció del todo al miembro más nuevo de la tripulación, lo hizo lo suficiente como para dejarle claro que no consentiría más protestas.
El trío de ingenieros desapareció por el pasillo y tan solo quedamos el veterano soldado y yo.

Por un momento el silencio se hizo más inquietante con el eco de tres pares de pisadas menos. Tragué saliva y me alegré de que Greylion estuviera conmigo. El tipo había sido un miembro de los mismísimos Marines. Esos putos locos de armas grandes que salen en los anuncios de reclutamiento. Los más duros y peligrosos de toda la galaxia. ¿Qué podía temer con semejante elemento a mi lado?

Caminamos por los silenciosos pasillos metálicos de la nave sin intercambiar palabras. No quería romper la calma aparente que reinaba en aquel extraño lugar. Tenía la sensación de que si lo hacía, algo saltaría desde la sombras ante nosotros y nos atacaría. Un pensamiento infantil, sí, pero no podía evitarlo. No me gustaba nada no saber dónde nos estábamos metiendo. El miedo es la respuesta racional ante lo desconocido y en esos momentos yo debía ser la tía más racional de la jodida galaxia porque no conseguía que mi corazón latiese más despacio.
 
La intensidad de las luces era algo inferior a la normal pero aún podía reconocer sin problemas los conductos de ventilación y las compuertas que daban a otras áreas y habitaciones personales.
En diez minutos de recorrido, aún no habíamos visto ni rastro de vida humana… El sonido de nuestros pasos y nuestras respiraciones era lo único que oíamos en aquellos pasillos.

Me detuve una vez más y comprobé nuestra posición en el portátil mientras Greylion permanecía en mitad del pasillo con el arma desenfundada. Su entrenamiento militar le había convertido en un hombre cauteloso, no cabía duda. Hasta el momento siempre había ido por delante y cada uno de sus movimientos revelaba una férrea disciplina de combate.
 
–Señor –me atreví finalmente a decir cuando descubrí algo interesante–. Creo que podemos ganar unos minutos de tiempo si atajamos por esta sección.

Le señalé un par de pasillos secundarios que desembocaban en una habitación de espacio considerable en la que había un turboascensor que llevaba directamente hacia el puente de mando.

–La sala de hibernación… –murmuró el soldado–. De acuerdo. Además, quizá podamos sacar algo de los monitores de las tumbonas. Nos dirán cuándo despertaron los ocupantes de la nave.

Asentí y nos desviamos del camino. Greylion comunicó el cambio de planes al equipo de ingenieros, que aún estaba de camino hacia la sala de motores. Al mismo tiempo, la piloto Heresy hizo una confirmación de que todo seguía en orden en el hangar y añadió algo más acerca de que nos diéramos prisa con el trabajo antes de que se le acabaran los cigarrillos y empezara a fumarse los misiles de las lanzaderas.
Greylion se limitó a ordenarle que cerrara el pico y que informara al capitán Revel de la situación.

El tono desenfadado de Heresy resultó tranquilizador en aquella ocasión. Como si el hecho de ir caminando por aquella nave abandonada fuera cosa de risa, una broma que se habían empeñado en gastarme. Me hizo sentirme mejor mientras avanzábamos sin pausa por aquellos interminables pasillos.

Finalmente y tras varios minutos, llegamos a la compuerta de metal sobre la cual podía leerse en grandes letras “Sala de hibernación”.
Greylion presionó el botón de apertura del panel de control al lado de la puerta, pero nada sucedió. Con un gesto de cabeza me indicó que era mi turno.
Se quedó  detrás de mí, mirando el pasillo por el que habíamos venido y observando con serenidad el cruce con el que daba, cubriéndome las espaldas ante cualquier peligro.

Respiré con nerviosismo y me bajé de la espalda mi bolsa de trabajo. Con el destornillador saqué la carcasa exterior y acoplé un módulo de derivación a los cables de conexión del panel. Al instante apareció una barra de carga en el monitor del módulo. Dos minutos más tarde, cuando la conexión se completó, saqué el módulo y pulsé el interruptor principal del panel. Una luz verde brilló y la compuerta de metal se deslizó hacia arriba ruidosamente.

–Buen trabajo –me felicitó Greylion antes de apartarme y entrar en la sala con el arma por delante.

Como era obvio, la sala de hibernación era bastante más grande que la de la Mary Faith. Decenas de tumbonas permanecían situadas en paralelo las unas de las otras.
Me situé frente al monitor de una de ellas y busqué en su base de datos información sobre el último despertar de la tripulación. La fecha era de tres días antes de que nuestro equipo partiera desde la Estación Samara.

–¡Kira! –me llamó alarmado Greylion haciéndome un gesto con la mano para que fuera hacia él.

El hombre estaba mirando fijamente dos tumbonas que se diferenciaban claramente del resto. En el interior de ambas había dos hombres vendados y en estado de hibernación. Aún llevaban puestas sus ropas de combate de los Marines y parecían estar heridos.

Analicé los datos en sus monitores y comprobé que la información en cada una de ellas coincidía. Llevaban tan solo cinco horas en hibernación, lo que significaba que entraron en fase de sueño una hora antes de que la Mary Faith llegara.

–¿Qué puede haberles pasado? –pregunté más para mi misma que para Greylion.

Un ruido de pasos a nuestras espaldas bastó para que los dos nos diésemos la vuelta. Greylion apuntaba con su arma a la figura oculta tras unas estanterías. Me sentí lenta y torpe por no haber sacado mi propia arma.

–¡Sal de ahí ahora mismo! –ordenó fieramente Greylion dando un par de pasos para tener un mejor ángulo de tiro–.  ¿¡Quién eres!?

Una voz extrañamente serena ignoró la pregunta y comentó:

–Vosotros no sois parte de la tripulación de la Meteora. ¿Quiénes sois y qué hacéis aquí?

Greylion y yo intercambiamos una mirada antes de que la voz tomara un cuerpo y se dejara ver con las manos en alto. Vestía un mono de trabajo gris y nos miraba con gesto interrogante con aquellos ojos azules hundidos en su tez arrugada, como si fuera el dueño de la casa descubriendo unos intrusos.

–Creo que sois vosotros los que tendrías que explicar vuestra presencia en esta nave –dijo acusador.
« Última modificación: 19 de Enero de 2012, 05:58:26 por KIRA-USS » En línea



¡¡¡CAPÍTULO 25-REVELACIONES PUBLICADO!!!


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« Respuesta #5 en: 09 de Noviembre de 2011, 07:54:31 »

4. SUPERVIVIENTES

Jamás hubiera imaginado un encuentro como ése en mi mente. En realidad ni siquiera había considerado la posibilidad de que encontráramos a alguien vivo en aquella inmensa nave abandonada.
El descubrimiento de aquellos soldado en hibernación ya había sido bastante sorpresa como para que un superviviente salido de la nada nos sobresaltase de aquella manera.

El corazón golpeaba fuertemente contra mi pecho y los nervios parecían estar a punto de apoderarse de mí. Por algún motivo mi mente había conseguido mantener la serenidad necesaria para hacerme desenfundar la pistola de mi cartuchera. Mis manos sujetaban el arma con firmeza mientras apuntaba hacia aquella impasible figura que no apartaba la vista de nosotros.

La actitud de aquel desconocido me causaba una molesta tensión. Cuando a uno le apuntan con un arma suele mostrar cierta vulnerabilidad, nerviosismo, miedo… ¡Algo, maldita sea! En cambio ese hombre ni siquiera parecía dispuesto a pestañear. Se mantuvo en el lugar mientras nos atravesaba con la mirada, esperando una respuesta que hasta el momento no nos habíamos atrevido a dar.

Estudié su aspecto para tratar de disminuir los nervios que parecían haberse adueñado de mi cuerpo. El mono de trabajo de color grisáceo que vestía aquel hombre, curiosamente limpio e impecable, no coincidía en absoluto con nada que pudiera asociar a los marines, aunque tampoco es que fuera ninguna experta en la materia. El desconocido superviviente estaría cerca de la cuarentena y su voz grave y firme había reflejado una calma absoluta en la que tan solo había podido detectar cierto atisbo de curiosidad por nuestra identidad.

Greylion pareció cansarse de aquel silencio tan incómodo y retomó la iniciativa.

–Somos del equipo de rescate de la Estación Samara. Captamos una señal de socorro de esta nave. Hemos venido a ayudar –explicó sin mostrar ningún indicio de que fuera a bajar su arma. Era obvio que tampoco él se fiaba demasiado de aquel tipo.

El superviviente clavó directamente sus ojos azules en Greylion y por un momento pareció relajarse.

–¿Es eso cierto? Ignoraba que hubiéramos conseguido enviar una señal antes de perder definitivamente las comunicaciones. Son buenas noticias. Aunque tarde, es un alivio que hayan acudido.

–¿Quién es usted? –me atreví a preguntar.

El hombre seguía observando el cañón de la pistola de mi compañero, pero respondió a mi pregunta sin inmutarse.

–Me llamo Raynor, soy el oficial médico de a bordo.

Greylion se llevó la mano a la radio al instante.

–Heresy, ¿me escuchas? –la voz cansada de la piloto respondió con una afirmación desde el otro lado–. Hemos encontrado un superviviente. Contacta con la Mary Faith, que Lia revise los historiales del personal destinado a la Meteora. Código de acceso dos cuatro siete. Comprueba un nombre: Raynor, oficial médico.

Al hombre no pareció sorprenderse ante aquel procedimiento de comprobación y se limitó a apoyarse en una mesa cubierta de papeles desordenados.

–¿Qué ha pasado aquí, Raynor? –le interrogó Greylion.

El supuesto miembro de la tripulación de la Meteora suspiró y comenzó a relatar su historia:

–Estábamos de regreso tras una misión cuando los sistemas de la nave alertaron de un fallo en la seguridad y nos despertaron a todos de la hibernación. Rápidamente nos dimos cuenta de que varias de las cápsulas habían sido saboteadas y de que parte del personal militar había desaparecido de sus tumbonas. Más de una treintena de marines murió durante la hibernación a causa del sabotaje. Ni siquiera se enteraron… –noté que Greylion torcía el gesto ante la historia y me miraba de reojo. Aquella muerte era la más temida entre mis pesadillas y todos en la Mary Faith conocían mi fobia. No tuve la menor duda de que pudo notar el escalofrío que recorrió mi cuerpo antes de que Raynor prosiguiera con la historia–. Antes de que nos diéramos cuenta de la situación, algunos marines se adueñaron de varias secciones de la nave y trataron de desviarla del rumbo establecido, intentando evitar nuestro regreso a la base.

–¿Por qué motivo? –pregunté sin poder entender nada de todo aquello.

El propio Greylion respondió sin apartar la vista del hombre.

–Una nave de combate de este tamaño puede venderse por una gran suma de dinero en el Mercado Negro. Existen rumores de piratas espaciales que se alistan en el Cuerpo de Marines con la intención de secuestrar las naves a las que son destinados, matando a toda la tripulación durante la hibernación para evitar conflictos innecesarios.

–Es una buena forma de hacerse con una nave militar sin que sufra desperfectos –concretó Raynor.

El tono de indiferencia de aquel hombre me hizo desconfiar aún más. ¿No habrían muerto amigos suyos durante aquel sabotaje? ¿Por qué parecía tan frío?
Había algo que se me estaba escapando, pero lo básico era sencillo de entender. La situación había resultado ser más jodida de lo que habíamos esperado en un principio, y aún faltaba una gran parte de la historia a juzgar por las palabras del tripulante.

–¿Qué ocurrió? –pregunté con interés–. Si el plan de esos piratas hubiera sido perfecto, no estaríamos teniendo esta conversación.

Raynor asintió dándome la razón.

–Como ya he dicho, el sistema central de la nave intuyó que algo iba mal cuando varias de las cápsulas de hibernación se activaron antes de tiempo. Antes de que el sabotaje finalizara, el ordenador nos despertó.  Nuestra sorpresa fue mayúscula. Nos quedamos confundidos y estupefactos al contemplar como nuestros propios compañeros acababan con las vidas de los soldados que hibernaban. Pueden imaginar el resto. Hombres y mujeres peleando entre ellos a muerte. Al principio no sabíamos quién era cómplice de aquel plan y quién no. La duda masacró nuestras filas. Nos matamos los unos a los otros. Nadie sabía quién era quién. Algunos hombres lograron alcanzar la armería y empezaron los tiroteos. La mayor parte de la tripulación murió en cuestión de horas.

–Excepto usted –señaló Greylion intrigado.

El hombre bajó la cabeza. Fue el único signo emocional que pude atisbar en él.

–Mi dedicación siempre ha sido con los heridos, señor. Durante dos semanas los supervivientes hemos estado combatiendo entre nosotros usando esta nave como campo de batalla. La armería quedó sellada y prácticamente ha sido una lucha de desgaste. Hemos utilizado cualquier arma y medio que estuviera a nuestro alcance para disminuir el número de enemigos. El laboratorio y la enfermería fueron destruidos, por lo que mis habilidades como médico quedaron seriamente limitadas ante la avalancha de heridos que fue llegando. Muchos murieron debido a infecciones generalizadas. Poco pude hacer para paliar su sufrimiento.

–¿Y qué hay de esos dos marines en hibernación? –me aventuré a preguntar.

Raynor ni siquiera se molestó en desviar la mirada hacia el lugar que estaba señalando.

–No llevan mucho tiempo así. Hace apenas unas horas que fueron heridos. Les administré los últimos sedantes de los que disponía y decidí meterlos en las cápsulas para evitar los focos de infección. Lamentablemente, esos dos hombres eran la última línea de defensa contra los insurgentes. En este momento soy el único superviviente de la Meteora leal al Cuerpo de Marines. Deberían tener cuidado cuando caminen por esta nave. Quizá no queden muchos, pero el enemigo sigue estando por ahí.

–Debo avisar al equipo de ingenieros cuanto antes –advirtió Greylion conectando la frecuencia.

–He estado haciendo mis cálculos –siguió Raynor sin importarle la interrupción–. Según el recuento de bajas, que he estado siguiendo con atención, deben quedar al menos tres hombres en algún lugar de la nave. Todos ellos peligrosos y hostiles.
 
Respiré hondo y asimilé toda la información que acabábamos de recibir. Un conflicto interno en una nave militar de los Marines. Debía de haber sido una lucha de tres pares de narices… Por un instante me alegré de haber llegado tarde a la fiesta.

Greylion terminó de hablar con Rockatansky ordenándole su retirada inmediata hacia el hangar. Debíamos tomar las medidas oportunas para enfrentarnos a aquella nueva situación.

–Grey… Tengo el informe de Lia… –dijo Heresy por radio de repente.

–Te escucho.

–Confirmado. Oficial médico L. Raynor, servicio a bordo de la Meteora del Cuerpo de Marines Coloniales.

–Gracias Heresy –agradeció Greylion antes de cortar la comunicación.

Aliviada dejé que el peso de la pistola de mi mano la situara apuntando al suelo. Vi en Raynor una sonrisa de satisfacción, pero a mi lado comprobé que mi superior seguía sin bajar el arma, ni siquiera tras la confirmación de la identidad del tripulante.

–Señor Raynor… Hay algo que no me cuadra –dijo mientras notaba que sus dedos presionaban cada vez más la empuñadura de su arma–. Hemos caminado por esta nave durante un buen rato y no hemos visto ni un solo cadáver ni tampoco signos de lucha de ningún tipo. ¿Cómo es posible que una batalla tan cruenta como usted dice no deje ni un solo rastro de lo sucedido?

Inmediatamente volví a alzar mi arma golpeándome mentalmente por no hacer trabajar mis neuronas. ¿Cómo no había caído en aquella obviedad?
 
Raynor no se dejó impresionar y se apresuró a responder rápidamente.

–Ésa es una buena pregunta señor y por supuesto que tiene su respuesta. A medida que el conflicto avanzaba tuve que deshacerme de los cuerpos. La putrefacción habría hecho peligrar la salud de los supervivientes y de los heridos.
 
–El proceso puede detenerse mediante la hibernación y usted lo sabe –respondió a su vez Greylion, cada vez más seguro de sí mismo.

Por un instante se hizo el silencio y pensé que Greylion iba realmente a disparar contra aquel hombre. Sin embargo nuestros comunicadores se activaron simultáneamente para dejar paso a la voz alarmada del jefe de ingenieros que trataba de decirnos algo a gritos. Aprecié claramente el eco sordo de los disparos que se producían allá donde estuviese el equipo.
Greylion alzó su comunicador sin dejar de vigilar a Raynor.

–¡Repite Rockatansky, no consigo entenderte!

La voz autoritaria del ingeniero volvió a rugir, haciéndose oír por encima de los disparos.

–¡Nos están atacando! ¡Estamos en el pasillo de servicio B-2, cerca de la entrada a la sala de motores! ¡Nos tienen arrinconados y no hay salida! ¡Necesitamos refuerzos ya!

–¡Aguantad! ¡Vamos en camino! –respondió Greylion con seguridad. El ex-militar me miró durante un segundo y por un instante supe que estaba pensando en si estaba preparada para esto. Ambos conocíamos la respuesta. No quedaba otro remedio. Coloqué mi arma en posición y asentí con la cabeza tratando de aparentar serenidad.
Greylion se giró hacia el superviviente y le dio sus propias órdenes.

–No hemos acabado nuestra conversación, pero ahora no hay tiempo. Vaya hacia el hangar, allí se encuentra nuestra piloto. Estará más seguro con ella. Cuando hayamos acabado con la amenaza volveremos a por estos marines y los transportaremos a nuestra nave. ¡Muévase!

Raynor asintió con su extraña calma y se entretuvo recogiendo una bolsa con sus pocas pertenencias. Nosotros nos pusimos en marcha sin esperarle. No había tiempo para acompañar al extraño hombre hacia el hangar a pesar de compartir la misma ruta. El equipo de ingenieros dependía exclusivamente de nosotros.

–Heresy, hemos enviado a Raynor a tu posición. Éstate alerta –dijo durante la carrera y sin apenas prestar atención a la confirmación de la piloto.

Greylion no parecía tener ningún problema para desandar el camino que habíamos recorrido previamente. No se detuvo en ningún momento y recorrió los corredores con la misma tranquilidad de quien sabe perfectamente donde se encuentra en cada momento. Era admirable.

Nuestras pisadas resonaban sobre el metal bajo nuestras botas, dándome la inquietante sensación de que estábamos anunciando nuestra llegada a cualquiera que estuviera a dos kilómetros de nosotros. Sin embargo, la parte racional de mi mente me gritaba que el tiroteo ahogaría cualquier sonido que nosotros pudiéramos provocar.

Pasamos cerca del hangar y tomamos la misma intersección donde nos habíamos separado del equipo de ingenieros. Descendimos un par de niveles por las escaleras de servicio y fue entonces cuando pude oir el eco de los disparos.

Se trataba de ráfagas cortas de un rifle de asalto y una serie de disparos rápidos de pistola. Eso era lo único que podía reconocer. Era una buena señal. Si seguían disparando, era que aún seguían vivos.

Greylion llegó a una esquina y se detuvo, haciéndome un gesto con la mano para que le imitara. El veterano se puso en cuclillas y extrajo el cuchillo de su cinturón. Usando el filo reluciente como si fuera un espejo, lo sacó unos centímetros por el borde y observó con seriedad el estado del siguiente pasillo. En cambio yo apenas podía ver nada desde mi posición. Tenía que guiarme por sus ojos.

Le vi asentir para sí mismo y se preparó, cogiendo su pistola con fuerza y sacando parte de su cuerpo por la esquina. Tragué saliva y me situé tras él.

Greylion disparó desde la cobertura un par de veces y corrió hacia la siguiente posición sin detenerse. Yo ocupé su lugar y decidí arriesgarme a echar un vistazo. Alguien gritaba en mitad del pasillo agarrándose la cara mientras una neblina blanca se extendía por el corredor rápidamente. Vi un objeto cilíndrico y rojizo en el suelo y comprendí que Greylion había disparado al extintor de incendios para crear una distracción y de paso incapacitar a uno de los enemigos.

Unos disparos descontrolados atravesaron el pasillo y golpearon la esquina tras la que estaba protegida. El corazón se me encogió de pánico y apreté los dientes tratando de mantener mi cuerpo bajo control. Quería huir de ahí. Quería gritar. Quería encerrarme en mi camarote y no salir en un mes… Pero no podía hacer nada de eso. Tenía un deber que cumplir y compañeros a los que ayudar. Por muy asustada que estuviera no podía abandonarlos de esa forma. Por el infierno que no.

Mi mente se burló de mí, recordándome la necesidad de acción que había suplicado durante meses y eso me cabreó, ayudándome a aguantar el tipo. Ya tendría tiempo de mearme en los pantalones más tarde. Tenía trabajo que hacer.

Cuando la ráfaga de disparos cesó, saqué la pistola por la esquina y comencé a disparar a ciegas, tal y como Greylion me había pedido que hiciera durante la breve conversación que habíamos tenido bajando por las escaleras.
Para mi sorpresa alguien gritó de dolor en cuanto dejé de apretar el gatillo. Solo conseguía oir los gritos y el lastimero gemido de los heridos. No había nadie más disparando.

Asomé la cabeza y vi a Greylion desarmar a un hombre con el uniforme de los marines y un reguero de sangre bajando por el muslo. Apenas le había rozado, pero esa distracción le había dado la excusa perfecta a Greylion para salir de su posición y placarle al más puro estilo deportivo.
Aliviada observé que desde la otra parte del pasillo se acercaba el trío de ingenieros, aparentemente sano y salvo. Era un consuelo.
La neblina proveniente del extintor agujereado se había evaporado por completo y podía ver a los dos soldados enemigos inmovilizados ante el arma y la mirada amenazante de Greylion.

El pasillo que había acorralado a los ingenieros en un principio había resultado ser la posición perfecta para atacarles desde dos flancos diferentes. Una estrategia tan simple como eficaz.

Estaba tan absorta en mis pensamientos que no me di cuenta de los sigilosos pasos acercándose por mi espalda hasta que sentí el frío cañón de un rifle de asalto presionando la parte trasera de mi cabeza.
« Última modificación: 19 de Enero de 2012, 06:00:35 por KIRA-USS » En línea



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« Respuesta #6 en: 10 de Noviembre de 2011, 12:09:55 »

Muy bien Kira.

He estado atento a los detalles, y me di cuenta que el ambiente es un poco similar a Halo... no me refiero a que seas un "copión", sino que no exageras en cuanto a lo que tecnología se refiere y tiene su originalidad.

Veo que se está poniendo tenso, esperemos que pasará con el equipo de salvamento.... ¡Aquí atento!

¡Saluti!
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« Respuesta #7 en: 10 de Noviembre de 2011, 12:06:07 »

Muy bueno, como siempre a lo que nos tienes acostumbrados
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« Respuesta #8 en: 17 de Noviembre de 2011, 06:39:23 »

5. CONFIANZA

Sentí que mi voz se ahogaba en el fondo de mi garganta y como una sensación de impotencia se hacía con el control de mi cuerpo. Cada parte de mi cuerpo quedó congelada debido al terror que me inspiraba el cañón de aquel rifle apoyado sobre mi nuca.

Al instante comprendí que sería incapaz de abrir la boca y pedir auxilio a mis compañeros. Mi vida estaba en juego y temía que cualquier acción que pudiera llevar a cabo por mi cuenta acabase conduciéndome a una muerta tan rápida como segura.

Una mano se apoyo fuertemente en mi hombro y me empujó con cuidado hacia el pasillo, a la vista de todos. Noté que la figura tras de mí decidió permanecer oculta tras la esquina, cubierta ante cualquier posible ataque.

Mis piernas respondieron por cuenta propia. Noté como avancé sin pensar y me detuve cuando una voz masculina me lo ordenó. En ese instante comprendí que me había convertido en una simple marioneta en manos de aquel hombre.

El tercer marine desaparecido… ¿Cómo había podido situarse detrás de mí de aquella forma? ¿Por qué no había prestado más atención? Podía haber evitado aquella situación con relativa facilitad, pero ya era tarde. Por culpa de mi descuido estaba poniendo en peligro no solo mi vida, sino la de mis compañeros.

Mi cuerpo estaba rígido y tenía la cabeza agachada por puro impulso cuando todos me miraron por primera vez. Pude ver la sorpresa reflejada en sus rostros cuando descubrieron el arma que apuntaba directamente a mi cabeza tras la esquina.
 
Greylion, que se encontraba en la cabeza del grupo, fue el primero en reaccionar. Con un movimiento brusco levantó del suelo a uno de los marines heridos y lo puso frente a él a modo de escudo. Al parecer no tenía reparos en usar los mismos trucos sucios para conseguir terminar la misión.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando las armas de mis compañeros se alzaron en mi dirección y tuve que hacer un inmenso esfuerzo para que mis temblorasas piernas no se derrumbaran. Era consciente de que ninguno de ellos dispararía sobre mí a propósito, pero en aquella situación tan tensa, cualquier sobresalto sería fatal para mí. Y mi captor lo debía saber tan bien como yo y utilizaba el miedo a su favor.

–Quiero que dejéis inmediatamente las armas en el suelo y soltéis a mis hombres –ordenó la voz masculina detrás de mí–. Vamos a abandonar esta nave ahora mismo. Depende de vosotros el que salgáis por vuestro propio pie o a trozos por la escotilla.

Aunque el rostro de Greylion estaba cubierto tras el marine renegado que usaba como protección, pude imaginarme perfectamente la seriedad de su expresión cuando alzó la voz hacia mi captor.

–Creo que no te estás dando cuenta de tu situación. Estás solo frente a varios enemigos que te superan claramente en número y armamento. No tienes ninguna posibilidad de escapar de esta nave sin pasar sobre nosotros. Tenemos a tus dos compañeros inmovilizados y bajo arresto. Estás en desventaja. Si matas a la chica, te aseguro que no habrá un lugar en esta nave donde puedas esconderte de mí. Suéltala y entrégate. Es tu única posibilidad de salir de aquí.

Los segundos siguientes transcurrieron en un completo silencio de lo más incómodo.

–Esta chica es la única cosa que me separa de una bala en el corazón. Ya habéis herido a mis hombres y ahora estás usando a uno de ellos como escudo. No tengo la menor intención de dejarme apresar por ti ni por nadie y menos con toda la mierda que está pasando en esta nave.

No pude evitar estremecerme ante aquellas palabras. ¿De qué estaba hablando aquel tipo?  

–Tus hombres dispararon primero –señaló Greylion confiado–. Y no estás en la mejor posición para darme lecciones de moralidad mientras apuntas con un arma a mi navegante.

–No tengo tiempo para intercambiar palabras contigo, viejo. Suelta a mis hombres o desparramo los sesos de esta mujer por la pared.

De repente sentí cierta calidez corriendo por la pernera de mi pantalón y maldije en mi interior mientras empezaba a llorar en silencio. Me había orinado en los pantalones y en presencia de todo el mundo. Joder, no quería morir de aquella forma tan patética. ¡Por Dios que no!

–¡Si te atreves a hacerle daño, maldito traidor hijo de perra, te sacaré las tripas por la boca! –amenazó Fobos con furia con una expresión que jamás hubiera imaginado en alguien como él. Estaba realmente enfadado–. Si aún te queda una pizca de orgullo, ¡suéltala!

La presión del cañón del arma contra mi cabeza aumentó tras aquellas palabras. Mi llanto se incrementó involuntariamente y mi respiración empezó a agitarse violentamente.

–¿Traidor? ¿De qué demonios estás hablando? ¿A quién se supone que he traicionado? No me vengáis con gilipolleces como ésa. ¡Soltad a mi gente ahora! ¡Tenéis tres putos segundos!

–¡No podemos hacer eso! –respondió ferozmente Greylion.

–¡Uno! –comenzó a contar el soldado.

Empezaba a tener problemas para respirar y mi visión comenzaba a nublarse. Dios mío, iba a morir en aquel pasillo cubierta de mi propia orina…

–¡Dos! –rugió a mis espaldas.

Greylion empujó a su escudo humano frente a él y se apartó varios pasos mientras levantaba las manos en gesto de rendición.

–¡De acuerdo! ¡Dejad que se vayan! ¡Soltad al otro!

Fobos contemplaba la escena con los dientes apretados de la rabia y los ojos inyectados en sangre mientras sujetaba al marine que había herido en la pierna. Su mirada de odio era tan intensa que consiguió asustarme aún más.

–¡Novato, suelta a ese hombre y deja que se marchen! ¡Es una orden! –gritó ferozmente Greylion.

–¡Y una mierda! –espetó Fobos–. Ya tiene a uno de los suyos. ¡Ahora que suelte a Kira!

El marine liberado en primer lugar pasó en ese momento a mi lado y se apresuró a esconderse detrás de la esquina junto a su compañero. Pude oír que intercambiaban unas breves palabras pero no alcancé a escucharlas.

–¡Fobos! ¡Te estoy dando una orden! ¡Obedece! –gritó con autoridad Greylion dando un paso hacia mi compañero enfurecido.

En la frente del joven mecánico apareció una gruesa vena y su rostro comenzó a tornarse rojo. La presión estaba haciendo mella en mi viejo amigo.

–Novato… –advirtió Greylion con un severo tono de voz–. No volveré a repetírtelo.

Fobos no parecía estar escuchando a Greylion. Tenía su mirada clavada en mí, y estaba llena de intensidad. Pude imaginarme la enorme cantidad de dudas que estarían recorriendo su mente en aquel momento, buscando la mejor forma de solucionar aquella situación. Sin embargo no llegó a encontrarla. El segundo al mando de la Mary Faith no le dio tiempo para ello.

Greylion se puso frente a él en un parpadeo y descargó un brutal puñetazo sobre el rostro del novato que lo catapulpó de espaldas contra el suelo de metal de la nave. El marine que había estado atrapado un instante antes se quedó paralizado mirando durante unos segundos los fríos y severos ojos de Greylion antes de que éste le hiciera un gesto con la cabeza, dándole permiso para marcharse.

Fobos ya estaba incorporándose trabajosamente mientras se presionaba la cara con una mano de la cual manaban pequeños ríos de sangre entre sus dedos. Su rabia era visible a simple vista e hizo un gesto para levantar el arma contra el marine que estaba huyendo. Pero el jefe de ingenieros Rockatansky lo interceptó desde su espalda y le obligó a bajar el arma mientras negaba en silencio con la cabeza.

“Déjalo ir” parecían decir sus labios.

El segundo marine pasó a mi lado mientras Greylion me observaba fijamente a varios metros de distancia, sin apartar la mirada de la figura que seguía apuntándome con su arma.

De repente, dejé de sentir la presión del cañón contra mi cabeza y empecé a oír los pasos apresurados de los hombres que huían tras de mí.

Mis piernas finalmente fallaron y me arrastraron al suelo mientras me llevaba desconsolada las manos a mi cara empapada por las lágrimas. Había estado tan cerca de morir allí mismo que empezaba a pensar que todo era un mal sueño del que acabaría despertando en cualquier momento.

Fobos se deshizo del agarre del jefe de ingenieros y corrió a abrazarme. Vi su rostro difuminado por culpa de las lágrimas que empañaban mi visión y sonreí, intentando aparentar que me encontraba bien.

Rockatansky y Beste pasaron corriendo a mi lado para asegurarse de que aquellos marines no nos pillaran desprevenidos. Greylion abrió el contacto por radio mientras se acercaba a nosotros.

–Heresy, tenemos un problema. Hay tres hostiles sueltos retirándose hacia tu posición. La seguridad de la nave auxiliar está comprometida. Evacúa a Raynor, volved a la Mary Faith y manteneos a la espera. Hay que evitar que salgan de esta nave. ¿Me recibes?

–Tengo a Raynor a la vista, señor. Acaba de llegar a mi posición… –respondió la piloto con un tono extraño en la voz–. ¿Pero qué coño le ha pasado? Espere señor, parece herido... ¡Eh, Raynor! ¿Se encuentra bien?

Greylion detuvo su paso en ese mismo momento.

–¿Qué quiere decir con “herido”? Raynor estaba perfectamente cuando le dejamos en la sala de hibernación…

Una extraña sensación se apoderó de mi estómago. Algo malo estaba a punto de suceder.

–¡Heresy, responde! ¡Heresy!

El comunicador quedó en silencio y solo pudimos oír la estática como respuesta. La expresión de Greylion cambió radicalmente.

–¡Todo el mundo al hangar ahora mismo! –gritó mientras se echaba a la carrera, dejándonos atrás a Fobos y a mí.

El mécanico en prácticas me ayudó a ponerme en pie. Ambos parecíamos hechos polvo. Si tan sólo hubiéramos tenido tiempo de descansar…
« Última modificación: 17 de Noviembre de 2011, 06:41:03 por KIRA-USS » En línea



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« Respuesta #9 en: 17 de Noviembre de 2011, 09:42:05 »

   KIRA-USS haces un buen trabajo me gusta mucho tu fic, (hasta siento celos). Tu si sabes como hacer que los personajes se pongan en un estado de animo acorde a la situación.

¡¡Felicidades colega uuhhhhhhhrraa!!
« Última modificación: 19 de Noviembre de 2011, 11:44:07 por HeartSekeer » En línea



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« Respuesta #10 en: 18 de Noviembre de 2011, 03:29:47 »

Molto bene amici!

Debo decir que las letras pasaron ante mis ojos como un parpadeo, por alguna razón se me hizo corto, jajaja.

Bueno, lo importante fue que llenó mis expectativas. Aquí me quedo esperando el prox. capítulo.

¡Saluti!
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« Respuesta #11 en: 22 de Noviembre de 2011, 06:13:13 »

6. TRAMPA

Mis piernas se movían por simple inercia mientras corríamos como condenados hacia la posición de Heresy. No entendía muy bien lo que estaba pasando, lo único que sabía es que la piloto chalada estaba en apuros.

Greylion se había puesto en cabeza con Rockatansky y Beste. Fobos y yo les seguíamos como podíamos y es que mi cuerpo aún se negaba a responder como debía. Empezaba a sentirme una carga.

–¿Qué demonios está pasando aquí? –oí preguntar al jefe de ingenieros.

–Que me cuelguen si lo sé –respondió Greylion–. Desde el principio nada de esto tenía sentido.

–¿Qué quieres decir? –preguntó Beste.

–Esos tres hombres no tenían nada de piratas. Parecían tener más ganas de salir de esta nave que de robarla.

Recordé brevemente las palabras del hombre que me había encañonado y me dí cuenta de que Greylion tenía razón. Estaban pasando demasiadas cosas y tenía la impresión de que solo habíamos visto la punta del iceberg.

¿Y qué demonios había pasado con Raynor? ¿Por qué Heresy no respondía a nuestras llamadas? Esperaba que aquel hombre no hubiera atacado a la piloto para tratar de hacerse con nuestra nave. Lo cierto era que me habría encantado verle intentándolo.

Había visto pelear a Heresy una sola vez, en una asquerosa cantina de un sucio puerto espacial que servía como punto de encuentro para los transportistas y mercaderes. Un lugar peligroso para cualquiera.
Un estúpido y enorme arrogante que doblaba en altura a la pequeña piloto se le había insinuado de forma soez y Heresy, con una sonrisa de oreja a oreja, le había aplastado su gorda cara contra la barra del bar sin despeinarse. Los dos amigos del grandullón, que se habían quedado atónitos contemplando la escena, se recuperaron de su asombro y se dispusieron a saltar sobre la piloto. Entonces, con una rapidez que nunca llegué a apreciar con claridad, Heresy golpeó la entrepierna del más cercano con una brutal patada mientras que reventaba una botella de licor en el rostro del segundo. Los dos hombres cayeron al suelo hechos un ovillo, gimoteando de dolor mientras ella siguió sonriendo y terminaba su cerveza.

Sí, Heresy era una de las mujeres más duras que había conocido nunca. La idea de que le hubiera pasado algo se me antojaba rídicula.

Miré a mi lado y vi la mirada llena de furia de Fobos. Jamás lo había visto así. No había dicho ni una sola palabra en toda la carrera. Ya hablaríamos cuando volviéramos a la Mary Faith.

Finalmente, y con las ropas empadas en sudor, llegamos a la zona del hangar. Las luces estaban apagadas, pero aún así reconocí aliviada la figura de la nave de salvamento posada sobre el frío suelo metálico, en el mismo lugar donde la habíamos dejado apenas media hora antes.

Encendimos nuestras linternas y nos acercamos en línea con Greylion a la cabeza. Teníamos nuestras pistolas alzadas por delante de nosotros, alertas ante cualquier posible movimiento.

Entonces el chasquido metálico del suelo bajo mis botas cambió de repente. Apunté el haz de la linterna hacia mis pies para apreciar una secreción rojiza que se extendía bajo las suelas. Asqueada, salté hacia un lado para no pisarla. ¡Joder! ¡Era sangre!

Beste y Fobos también se dieron cuenta y se quedaron petrificados en el sitio. Solo Greylion y Rockatansky mantuvieron la sangre fría y siguieron avanzando con el rostro marcado por la resignación.
Todos sabíamos lo que podía significar aquella sangre, pero no debíamos pensar en ello si queríamos mantener la calma. Teníamos que encontrar a Heresy cuanto antes.

Por un momento tuve el impulso de gritar su nombre, esperando oír su contestación, pero sabía que aquello hubiera sido un error de principiante.

Con la ayuda de la linterna decidí seguír el rastro de sangre, el cual se alejaba en dirección a la puerta de acceso de la nave. Entonces vi algo que me obligó a deterneme a mitad de camino. En medio de las manchas de sangre había algo fino y alargado que sobresalía. Me incliné para observarlo mejor y de la impresión salté hacia atrás y caí al suelo asustada.

–¡Kira! ¿Qué ocurre? –preguntó preocupado Fobos poniéndose a mi lado.

Greylion y Rockantasky también se detuvieron y miraron en mi dirección. Yo únicamente pude apuntar con el haz de luz de la linterna hacia mi repulsivo descubrimiento.
El joven técnico escudriñó el charco de sangre con atención y su reacción fue similar a la mía.

–Jo… Joder…

Beste también lo vió.

–¡Mierda tíos! ¡Es un puto dedo! –dijo antes de mirar en otra dirección y vaciar el contenido de su estómago sobre la cubierta del hangar.

A varios metros por delante de nosotros, Greylion y Rockatansky decidieron entrar rápidamente en la nave tras el grito de advertencia de Beste. Pude oír la voz autoritaria de Greylion ordenándole a alguien que se detuviera.

De algún modo, logré reunir fuerzas para levantarme y acercarme a la entrada de la nave. Apenas había entrado en la nave cuando vi a los dos hombres alrededor de un cuerpo apoyado en una de las paredes.

–¡Traed el botiquín! ¡Rápido! –ordenó Greylion.

Reaccioné automáticamente y fui a la parte trasera de la nave sin pensarlo dos veces. Prácticamente arranqué el botiquín de la pared y corrí hacia los dos hombres. Necesitaba respuestas a toda aquella locura.

Tropecé con algo en mi carrera, pero lo ignoré y seguí corriendo. Mi atención estaba completamente centrada en la figura malherida que iluminaba la linterna de Rockatansky.
Llegué con el corazón en un puño y tendí el botiquín el jefe de ingenieros mientras miraba por primera vez a la figura humana ensangrentada ante mí.

Heresy estaba sentada con la espalda pegada a la pared y nos miraba con ojos exhaustos. Por todo su cuerpo podían apreciarse cortes y arañazos de los que brotaba sangre en pequeñas cantidades. Incluso su rostro tenía un feo corte que le recorría la mejilla izquierda verticalmente.

La mujer apretaba los dientes con rabia y sujetaba frente a ella su mano ensangrentada, a la cual le faltaba el dedo meñique. El anular también parecía estar a punto de desprenderse por completo y la sangre no paraba de brotar de las heridas sufridas.
 
El jefe de ingenieros se arrodilló frente a Heresy y sacó gasas para presionar la zona amputada. La piloto reaccionó con un grito de dolor mientras sus ojos se cerraban aguantando las lágrimas.

–Tranquila Heresy, te llevaremos a la Mary Faith para que Zuzka se encargue de ti –dijo Rockatansky con tono tranquilizador.

–¡Ese maldito cabrón intentó matarme joder! –gritó en respuesta la piloto sin dejar de maldecir furiosa–. ¡Voy a arrancarle todas las putas extremidades a su cuerpo muerto y a arrojarlo al jodido espacio!

Aquello me confundió. ¿Raynor había intentado matar a Heresy? ¿Por qué razón iba a intentar algo así? ¿Acaso había pretendido huir en nuestra nave? ¿Por qué?

Entonces dirigí mi atención hacia la parte posterior de la nave, donde yacía un cuerpo inmóvil con la mirada clavada en el techo. Así que aquello era con lo que había tropezado antes.

Mientras Rockantasky se quedaba con Heresy, Greylion se levantó y avanzó hacia el cadáver. Me sorprendí a mí misma siguiéndole. Nuestras linternas apuntaron al cuerpo sin vida, revelando sus facciones.

El cuchillo de Heresy estaba clavado hasta el mango en el lateral de la cabeza, atravesando claramente el oído interno de aquel hombre. Podíamos apreciar los golpes y las magulladuras frutos de la pelea con Heresy, pero también presentaba otras heridas que parecían haber sido vendadas recientemente.

Greylion y yo nos levantamos desconcertados e intercambiamos una mirada llena de confusión. Cualquier teoría que hubiéramos podido imaginar se fue a pique en aquel mismo momento. ¿Qué explicación tenía aquello?

Aquel cuerpo sin vida no era Raynor, pero tampoco era ninguno de los soldados con los que nos habíamos enfrentado minutos antes. No. Greylion y yo habíamos visto antes a aquel hombre.

Era uno de los marines que encontramos en hibernación.
« Última modificación: 22 de Noviembre de 2011, 10:47:00 por KIRA-USS » En línea



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« Respuesta #12 en: 22 de Noviembre de 2011, 10:37:47 »

¡Ciao!

Buen capítulo Kira... ya se nota mucho más la intención del Fic, muy bien... Por cierto, encontré un error:
"La idea de que le hubiera pasado algo se me antojaba rídicula. resultaba incluso algo ridícula. " :P

¡Saluti!
« Última modificación: 22 de Noviembre de 2011, 10:38:53 por T_Puma » En línea




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« Respuesta #13 en: 22 de Noviembre de 2011, 10:51:07 »

Ups sí, eso fue un error de cuando estuve modificando el capítulo por una frase que no me acababa de convencer y acabé dejando la frase nueva y la original sin borrar XD. Gracias por avisarme, ya está corregido  happy1

Me alegra que te esté interesando la historia. La semana que viene intentaré que el capítulo sea mejor y más intrigante, lo prometo risas
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« Respuesta #14 en: 16 de Diciembre de 2011, 10:39:40 »

Nota del autor:
Lamento haber retrasado la publicación dos semanas pero en la universidad prácticamente me han inundado de trabajos y exámenes que ocupaban prácticamente todo mi tiempo y el poco que tenía libre no me sentía inspirado para escribir este capítulo. La semana que viene acabo las clases así que espero tener tiempo para poder seguir publicando con regularidad sin más retrasos. Gracias.

7. MIEDOS

El potente chorro de agua barrió sin dificultad los restos de sudor de mi cabello y se deslizó sobre mi cuerpo como una fina y delgada capa de cálida protección.
La suciedad se perdía en el torrente de agua que me envolvía, pero el dolor y la vergüenza persistían, sumiéndome en la más completa desolación.

Golpeé mi puño contra las baldosas que recubrían las paredes de la ducha y me maldije a mí misma por mi ineptitud. Mi comportamiento a bordo del Meteora no podía haber sido más lamentable. Había cedido ante el miedo y mi descuido había puesto a todos en peligro. El resto de la tripulación había demostrado estar a la altura de la situación pero, ¿y yo? ¿Por qué demonios no había reaccionado de igual forma? ¿Por qué tuve que mostrar mi miedo ante todos? ¿Por qué no pude ser todo lo fuerte que siempre pensé que había sido?

–Emociones fuertes… –susurré golpeándome la frente con la pared–. Qué estúpida…
 
Me sentí como si un gran telón hubiera caído, dejando al descubierto mis debilidades a la vista de todos. Ni siquiera yo había sido consciente del corto alcance de mi auténtico valor. Había sido tan buena mentirosa como para haber conseguido engañarme a mí misma.

Dejé que el agua siguiera cayendo sobre mi cabeza en un intento por alejar aquellos pensamientos, aún sabiendo que sería inútil. Cogí la esponja y froté mi cuerpo con rabia, odiando a la persona en la que me había convertido.

¿Había llegado a sentir tanto miedo en algún momento? Esa nave prácticamente abandonada y la enorme cantidad de preguntas sin responder no me dejaban relajarme.

Apreté los dientes y maldije en silencio bajo la cascada de agua. Me odiaba. Me despreciaba más de lo que había podido despreciar a alguien en toda mi vida y, de algún modo, aquel sentimiento me ayudaba a soportar la situación con más facilidad.

Oí como alguien llamaba a la puerta y cerré el grifo. La fina cascada de agua dejó de fluir al instante y asomé mi cabeza por el borde de la cortina de ducha.

–¿Quién es? –pregunté en voz alta, aunque en realidad fue un débil susurro.

–Soy Zuzka, te he traido algo de ropa limpia.

Salí de la ducha y cubrí mi desnudez con una amplia toalla mientras avanzaba y quitaba el cerrojo de la puerta. La preocupación fue lo primero que advertí en su rostro y supe al instante que estaba al corriente de lo ocurrido en la Meteora.
Bajé la mirada hasta la ropa limpia que me traía. No era el recambio de mi ropa habitual de trabajo, sino prendas sacadas directamente de mi camarote.

Las cogí con cierta timidez tras un breve agradecimiento e intenté cerrar la puerta, pero la mano de Zuzka lo evitó. Su mirada me atravesó, como si estuviera intentando averiguar mis pensamientos.

–Kira, quiero que hablemos de lo que ha pasado en esa nave.

Tragué y saliva e instintivamente negué con la cabeza.

–Mira Zuzka, yo… –comencé a decir antes de que la mujer me detuviera.

–Sabes que no aceptaré una negativa por respuesta. Vístete y ven a mi camarote.
–¿A tu camarote? –pregunté extrañada.

–Tengo al fiambre que se cepilló Heresy metido en una bolsa sobre la camilla de la enfermería. ¿Acaso prefieres hablar del tema allí? –negué rápidamente–. Entonces mi camarote tendrá que bastar. ¡No tardes! –la autoritaria voz de la médica me obligó a asentir sumisa. Zuzka pareció conforme y se marchó por donde había venido.

No me sorprendió que quisiera hablar conmigo de aquel asunto. Después de todo, era la oficial médica de nuestro equipo y la psicología entraba dentro de sus competencias. Zuzka no me caía mal pero la idea de entablar una conversación sobre mis problemas con un miembro de la tripulación no me atraía en absoluto. No me gustaba la idea de que nadie se metiera en mis pensamientos, pero ya había aceptado, no podía echarme atrás.

Me apresuré en vestirme y en el fondo agradecí que la elección de la ropa hubiera sido la de mi conjunto común. Los pantalones anchos y las botas eran extremadamente cómodos y la camiseta sin mangas de color rojizo y mi vieja chaqueta de cuero roído cerraban el conjunto. Al menos me sentía cómoda. Seguramente Zuzka había elegido aquellas prendas con intención de mejorar mi humor. Condenada loquera, hasta ese punto se había preocupado.

Me sorprendí a mí misma mirándome con una leve sonrisa desde el otro lado del espejo. Tenía que recuperar el control cuanto antes. La negatividad no era algo común en mí, pero en los momentos duros me atacaba con fuerza, y eso era algo que no podía permitirme en una situación como aquella. Tenía que dar lo mejor de mí misma.

Cuando llegué a la puerta del camarote de Zuzka oí la voz del capitán Revel en el interior. Parecían estar en medio de una conversación.

–Quiero que examine el cuerpo y averigüe lo que pueda sobre su estado. Según el informe de Greylion, minutos antes de que se produjera el ataque contra Heresy ese hombre había estado en una cápsula de hibernación. Heresy afirma que le atacó en un estado de violencia extrema, como si estuviera drogado. No hubo respuesta ante los intentos de Heresy por hacerle hablar sobre el porqué de sus actos. Hasta el momento de su muerte, no dijo ni una sola palabra. Es prioritario que sepamos qué hizo que ese hombre atacara a Heresy sin ningún tipo de provocación aparente.

–De acuerdo señor. Antes me gustaría hablar con Kira sobre lo ocurrido en el Meteora. Se ha visto sometida a un fuerte estrés y no creo que ahora mismo se encuentre en condiciones de trabajar –oyó decir a Zuzka–. Me gustaría someterla a una revisión para hacer la evaluación oportuna sobre su estado.

–Soy consciente de ello, pero Kira tendrá que esperar. La situación se ha vuelto más peligrosa de lo que habíamos esperado. Tenemos tres hombres armados sueltos por esa nave sin vigilancia alguna y un superviviente desaparecido. Eso sin mencionar el hecho de que había dos hombres en hibernación y uno de ellos está en una bolsa para cadáveres. El equipo de ingenieros ha concluido que la Meteora no puede moverse, por lo que están atrapados ahí dentro sin remedio. ¿Quién sabe si conseguirán acceder al armamento de la nave y hacernos pedazos? En una situación como ésta debemos comprender toda la información que caiga en nuestras manos y ese cadáver es todo lo que tenemos en estos momentos. ¡Haz tu trabajo!

El capitán Revel salió por la puerta tras aquellas palabras y me encontró de pie justo delante de él. Rápidamente la expresión de sorpresa de su rostro desapareció y volvió a aparentar esa férrea tranquilidad que le caracterizaba.

–Kira, lo siento pero me temo que tendremos que dejar nuestra charla para más tarde –dijo Zuzka apareciendo detrás del capitán.

–No te preocupes, lo entiendo –dije comprensiva.

La mujer me devolvió una sonrisa y desapareció por el pasillo camino a la enfermería. Giré la cabeza y volví a encontrar la dura mirada del capitán.

–Kira, sé que hoy has tenido un día duro, pero te necesito. Estamos en peligro y todos dependemos de todos. Quiero que vayas a la sala de navegación a echar una mano. Allí te pondrán al corriente de la situación. ¿Te ves capaz?

–Sí, capitán –respondí sin vacilar.

–Ésa es mi chica, justo lo que esperaba oír. Ahora tengo que enviar un informe de la misión inmediatamente. No nos vendrían mal unos refuerzos. Estaré en mi despacho.

Tras la breve despedida salí corriendo como el diablo hacia la sala de navegación. Eso era lo que necesitaba. Volver al trabajo, apartar de mi cabeza cualquier pensamiento negativo y centrarme en ayudar al equipo. Debía hacerlo. ¡Quería hacerlo maldita sea! Solo así me quitaría aquella amarga sensación que me corroía por dentro.

Llegué a la sala de navegación y contemplé una pantalla holográfica desplagada en mitad de la estancia. Reconocía aquel conjunto de esquemas y trazados representados con el tono azulado característico del sistema de proyección: era el plano detallado de la nave Meteora. Lo había descargado en mi ordenador antes de entrar en la nave, alguien debía haber accedido a él.

Eché un vistazo rápido y reconocí las figuras de Lia y Heresy en sus puestos habituales. Parecían bastante ocupadas. Fobos estaba de pie junto al holograma gigante, contemplando en silencio el mapa de la Meteora.

–De acuerdo, a treinta grados a estribor deberías poder ver la escotilla de emergencia –dijo Heresy hablándole al comunicador–. Acércate con suavidad y mantén las distancias hasta activar los enganches magnéticos.

–¡Heresy! –exclamé acercándome a ella. La piloto giró un poco la cabeza y levantó el mentón como saludo–. ¿Qué haces aquí? ¿Y tu mano?

Sin darse la vuelta, la mujer levantó lentamente la mano izquierda dejándola a la vista. A pesar del grueso vendaje podía seguir apreciando con claridad la falta del dedo meñique.

La mano de Fobos se posó en mi hombro.

–No te preocupes por Heresy. Obligó a Zuzka a administrarle drogas suficientes para tener el dolor controlado y poder dirigir personalmente la operación.

Aquella noticia me dejó atónita. ¿Heresy había pedido estar allí? La voluntad de aquella mujer era envidiable.

–Sí, tenías que haber visto la pelea entre esas dos –comentó Lia dejando por un momento su consola desatendida–. Por un momento pensé que esta masoquista iba a sacudir a la pobre Zuzka para convencerla.

–¡Puedo oíros capullos! ¿Sois conscientes de ello? –respondió la aludida–. Dejaos de cotilleos y dejadme trabajar tranquila, ¡coño!

–Pero… ¿y tú dedo? –me vi obligada a preguntar.

Heresy bajo un poco la cabeza, algo molesta por la pregunta.

–La matasanos lo ha sumergido en una base de proteínas y nosequé mierdas. Debería poder volver a implantármelo cuando volvamos a casa. Ahora, ¿me dejas dar los datos de aproximación al viejo Desierra para que no estrelle el módulo de rescate contra el casco de esa monstruosidad de nave?

Me aparté un poco y me acerqué a Fobos, que permanecía como observador.

–¿El módulo de rescate? ¿Qué diablos está pasando? –pregunté.

–Greylion ha decidido volver a la Meteora en solitario. Quiere ver qué puede averiguar –dijo con tranquilidad–. Desierra ha dejado que Heresy se encargue de los datos de aproximación mientras él pilota el módulo

–¿Quiere ir solo? ¿Por qué? –pregunté alarmada sabiendo el peligro que representaban los soldados que rondaban por la nave.

–Dijo que así sería mejor y yo estoy de acuerdo. No le estorbaremos –respondió Fobos algo irritado. Por un instante recordé el golpe que se había llevado a manos de Greylion. Era evidente que Fobos seguía molesto con el segundo al mando por aquello.

–Greylion sabe lo que hace –opinó Lia–. Él estuvo en los marines coloniales. Es uno de ellos, sabe cómo actuar en una situación como ésta. Nosotros debemos ayudarle en todo lo que podamos desde aquí. Ésa es nuestra misión.

–Anclajes acoplados, viejo. Deja que el hombre salga a jugar a los soldaditos –anunció Heresy.

–Recibido, Greylion ha entrado en la nave –respondió la voz de Desierra por el altavoz–. Creo que uno de los estabilizadores está fallando. Voy a quedarme unos minutos revisándolo. Cerraré la compuerta para evitar visitas inesperadas.

–¿Quién querría ver tu feo careto? –le espetó Heresy–. Recibido, cuando hayas solucionado el problema reestablece la comunicación y te daré las instrucciones para acoplarte a la Mary Faith.

Heresy se quitó los cascos y suspiró molesta mientras levantaba su mano herida. A pesar de las drogas era indudable que aún sentía algún dolor. Su compromiso con la misión me resultó admirable y volví a reprenderme mentalmente al recordar mi patético comportamiento.

De repente, la alarma de emergencia se disparó en un chillido agudo e interminente al tiempo que las luces que iluminaban la sala de navegación se tornaban rojas.

–¿¡Qué diablos!? –exclamó Heresy girando en su silla y abriendo el archivo esquemático que mostraba los planos holográficos de la Mary Faith, sustituyendo a los de la Meteora.

El mapa se desplegó y marcó al instante una de las áreas de la nave, que parpadeaba en un violento e intenso resplandor. Reconocí la zona al mismo tiempo que el resto.

–¡Es la alarma manual de la enfermería! –advirtió Lia.

A mi cabeza solo vino un pensamiento.

–¡Zuzka!
« Última modificación: 19 de Enero de 2012, 06:02:48 por KIRA-USS » En línea



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