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BSAA
Tras la aniquilación de Raccoon City, Umbrella sufrió un importante
revés al ser objeto de numerosos juicios por su implicación en el
incidente. No obstante, la organización que más se vio afectada por las
secuelas del suceso fue el Consorcio Farmacéutico Mundial, una
institución formada por compañías farmacológicas de todo el mundo.
El desarrollo y la
experimentación con armas bio-orgánicas (B.O.W.) por parte de Umbrella,
unido a su posterior venta en el mercado negro, despertó un recelo
generalizado en la opinión pública hacia el Consorcio Farmacéutico
Mundial. Esta circunstancia se vio agraviada al conocerse que Umbrella
era miembro de la junta directiva.
Si os problemas
hubieran terminado ahí, el Consorcio quizá solo habría visto empañada su
reputación. No obstante, hoy en día la medicina forma parte integral de
prácticamente todo procedimiento medico y la opinión publica tiene una
opinión bien formada acerca de los fármacos. Así, la pérdida de
confianza del público en los productos de determinada compañía puede
abocarla rápidamente a la bancarrota.
Los juicios de Umbrella
tomaron un cariz particularmente negativo para el Consorcio cuando los
fiscales presentaron pruebas que incriminaban a muchas otras compañías
farmacéuticas.
Los demandantes
demostraron que Umbrella había adquirido medicinas y técnicas
desarrolladas por terceros para emplearlas en su investigación sobre
armas bio-orgánicas. A fin de ocultar cualquier tipo de conexión con el
verdadero proyecto final, Umbrella había encargado a cada compañía
desarrollar parcialmente determinados fármacos. Con esta artimaña, estas
compañías habían contribuido, sin darse cuenta, al desarrollo de armas
bio-orgánicas.
Previamente a la
aparición de dichas informaciones, el consorcio consideraba los procesos
judiciales contra Umbrella un problema ajeno. Ahora también era su
problema.
Las compañías
vinculadas a Umbrella se enfrentaban a la posibilidad de ser declaradas
corresponsables de la muerte de cientos de miles de personas inocentes
y, si el veredicto era desfavorable a Umbrella, se verían también
abocadas a la bancarrota. Incluso si esta salía impune, su desprestigio
no solo tendría un efecto atroz en las ventas, sino que obligaría a los
Gobiernos de todo el mundo a retirarles sus permisos de
comercialización.
La imposibilidad de
distribuir sus productos a escala internacional se traduciría en el
desmoronamiento de su entramado empresarial.
Las compañías
farmacéuticas se vieron en la obligación de tomar medidas drásticas para
solventar tan funesto panorama.
Así, el Consorcio
decidió llegar a un acuerdo con los fiscales, en virtud del cual
ofrecerían toda su colaboración para la resolución del caso, hasta el
punto de facilitar cualquier información interna si resultara necesario.
Los fiscales, ansioso por asistir a la caída de Umbrella, aceptaron su
cooperación a cambio de retirar toda demanda legal interpuesta contra el
Consorcio.
En 2003, Umbrella fue
declarada culpable de todos los cargos. Tras su derrumbe, el escándalo
que había conmocionado al sector farmacéutico por fin quedaba resuelto.
No obstante, el
desmantelamiento de Umbrella tuvo consecuencias imprevisibles.
Con la caída de
Umbrella, el mercado negro asistió a una proliferación de armas bio-orgánicas,
que acabaron en manos de terroristas, guerrilleros y gobiernos muy
inestables. La amenaza bio-orgánica comenzó rápidamente a sentirse por
todo el mundo.
Enfrentado de nuevo a
una crisis como la de Umbrella, el Consorcio Farmacéutico Mundial sabia
que tendría que adoptar medidas inmediatas.
Fue entonces cuando se
creo la Alianza para la Evaluación de la Seguridad frente al
Bioterrorismo (BSAA), destinada a combatir la amenaza de las armas bio-orgánicas.
Tras su fundación, solo
diez agentes de elite ingresaron en la BSAA, cuya tarea se limitaba a la
asistencia de ejércitos y unidades de Policía internacionales que
realizaban operaciones contra el bioterrorismo. Por desgracia, las
dimensiones del problema a escala mundial superaban con creces cualquier
expectativa y se tuvieron que adoptar nuevas medidas para atajar su
expansión.
A este fin, se estudio
la creación de un equipo que pudiera reaccionar inmediatamente ante
tales amenazas. Sin embargo, la BSAA seguía siendo una organización
civil. No podía operar libremente en naciones soberanas y, por lo tanto,
era incapaz de llevar a cabo investigaciones, realizar las detenciones
pertinentes o incluso usar la fuerza cuando la situación lo exigía. Era
patente que la amenaza bioterrorista se había convertido en un problema
de escala mundial y urgía ponerle remedio.
La BSAA fue reformada
bajo la jurisdicción de las Naciones Unidas.
Como equipo de elite de
la ONU, la aceptación de la BSAA por parte de los países miembro se dio
por garantizada.
No obstante, en la
práctica solo el 70 por ciento de los países aprobaría las actividades
de la BSAA en su territorio y el resto únicamente haría lo propio de
forma condicional.
De esta forma, se llego
al modelo actual de la BSAA.
El cuartel general se
estableció en Inglaterra, aunque no se revelaron más datos sobre su
ubicación. Dado que el equipo debía poder estar operativo en un plazo de
12 horas, se asumió que se encontraba cerca de un aeropuerto o base
aérea militar. Algunas fuentes aseguraban que la BSAA disponía de bases
en las zonas situadas bajo su jurisdicción.
A continuación se
detallan las zonas que se encuentran bajo la jurisdicción de sus
respectivas sedes.
Sede europea: Europa y
Rusia Occidental
Sede de Oriente Medio:
Oriente Medio y parte de África.
Sede norteamericana:
Todo el subcontinente norteamericano (donde está asignado Chris Redfield).
Sede sudamericana: Todo
el subcontinente sudamericano.
Sede de África
Occidental: Oeste del continente africano (donde está asignada Sheva
Alomar).
Sede de África
Oriental: Este del continente africano.
Sede de Extremo
Oriente: Este de Rusia y los países al este de la India.
Sede de Oceanía:
Australia es el centro de operaciones en Oceanía.
(La Antártida, donde se
encontraba la base de Umbrella, está bajo la jurisdicción de la sede de
Oceanía).
Cada sede de la BSAA
emplea en sus equipos tácticos a un número considerable de personas, la
mayoría procedentes de ejércitos y fuerzas especiales de todo el mundo.
Su plantilla para
tareas de apoyo también es extensa, y sus miembros provienen de
organizaciones gubernamentales de distintos países. Los equipos cuentan,
además, con varios grupos de expertos que prestan asistencia técnica,
medica, física y psicológica.
Los equipos operativos
de la BSAA se dividen en dos grupos.
El primero son las
Unidades de Operaciones Especiales (SOU), con licencia para infiltrarse
en una zona, entablar combate y neutralizar al enemigo. Estos equipos
suelen contar con 12 miembros y se subdividen en células de cuatro
agentes.
Una particularidad
característica de las SOU es la gran flexibilidad de su personal durante
las operaciones. Para adaptarse a las condiciones de cada misión, se
pueden unir a células de otros equipos. En una operación conjunta
determinada intervinieron hasta un total de 70 miembros de elite.
Dan DeChant dirige
actualmente al equipo Alpha en esta operación. Además de sus miembros
habituales, comprende también células de otros equipos (la denominación
“equipo Alpha” solo se utilizara para esta operación).
Algunos informes
indican que, debido al uso de armas bio-orgánicas desconocidas, es
posible que los métodos del equipo táctico resulten poco efectivos, por
lo que será necesario estudiar aquellos aspectos que permitan mejorar su
eficacia.
Otro grupo fundamental
de la BSAA son los Agentes de Operaciones Especiales (SOA) o,
simplemente, “agentes”. A diferencia de las SOU, estos trabajan de forma
individual y se dedican principalmente a actividades de investigación y
espionaje. Como tales, son considerados los ojos y los oídos de la BSAA.
En ciertas operaciones, los equipos tácticos pueden tener dificultades
para infiltrarse y, por ello, se les encomienda tal misión a los
agentes.
En este tipo de
operaciones tan solo se precisa una unidad de dos miembros para llevar a
cabo la misión.
En algunos casos, los
agentes se ven obligados a ir más allá de la jurisdicción de una sede de
la BSAA. Muchos son destinados a zonas donde se detectan actividades
ilegales, como es el caso que ocupa el agente Chris Redfield.
Los agentes que
trabajan solos son altamente competentes y poseen un rango superior al
de los miembros de las SOU. No obstante, no se les elige tanto por sus
habilidades o destrezas técnicas sino por su resistencia psicológica y
aptitud para el control de ciertas situaciones. De hecho, las destrezas
de los miembros de las SOU son, en ocasiones, superiores.
La BSAA es una
organización pública con personal internacional pero, debido a su
logística particular, es de dominio público que la mayoría de sus fundos
provienen del Consorcio Farmacéutico Mundial.
Aunque esta vinculación
ha sido objeto de numerosas criticas, la financiación del Consorcio
libera a los países participantes de la carga económica, lo que frustra
al mismo tiempo cualquier intento de cambiar la situación a incurrir en
gastos innecesarios. En cuanto al Consorcio, su patrocinio le sirve de
campaña de lavado de imagen en todo el sector. Hasta la fecha, esta
asociación ha resultado beneficiosa para todas las partes.
Como apunte final, los
once miembros que formaron parte de la BSAA desde el principio son muy
respetados en la organización y se les conoce como Los Once, a modo de
paralelismo con Los Siete, el grupo de astronautas seleccionado para el
proyecto Mercury.
Uno de Los Once es
Chris Redfield. Otros miembros de Los Once colaboran también con varios
equipos tácticos.
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