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Nota del anatomista

Hay un demonio en mi mente. No puedo controlar los impulsos que el
demonio me provoca para que actúe. Es una ceremonia brutal. Con
el demonio a mi lado, disfruto viendo a la gente agonizar de
dolor, gritando y retorciéndose al morir...
Pero Sir Alfred ha sido muy generoso y me ha proporcionado las
instalaciones, los productos químicos y el “equipo” necesario
para estudiarlo todo.
Nunca debo traicionar la bondad de Sir Alfred. Es muy importante
que nadie descubra el lugar sagrado que solo él y yo conocemos.
El sótano del edificio médico se mantendrá en secreto, lo juro.
Naturalmente, siempre llevo conmigo la llave del lugar
sagrado... Aunque un extraño la vea, no podrá decir que es la
llave. No debo olvidar que mi vida acabará si pierdo la
confianza de Sir Alfred.
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