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Albert Wesker
El incidente de la mansión.
La tragedia de Raccoon City. La isla Rockfort y el Complejo de
Investigación de Umbrella en la Antártida. El Laboratorio de
Investigación del Cáucaso de Umbrella en Rusia. El secuestro de la hija
del presidente de los EE.UU. Una misma persona fue responsable directa o
indirecta de todos y cada uno de estos sucesos: Albert Wesker.
El
motivo de todas estas acciones de Wesker radica en este incidente de
África.
Wesker
ya había obtenido muestras de diversos organismos y virus, incluidas las
Plagas, así como los virus T, G y T-Verónica. Todos ellos fueron
recibidos con gran entusiasmo por los antiguos rivales de Umbrella, que
le recompensaron generosamente por cada muestra. Riqueza, poder, éxito…
Wesker parecía tener todo lo que cabría desear.
Sin
embargo, él no buscaba beneficios materiales.
El
miedo, una sensación ya familiar, continuaba apoderándose de él. El
motivo de su desazón no era otro que el propio fundador de Umbrella,
Ozwell E. Spencer.
En su
época en Umbrella, Wesker nunca supo cuáles eran las verdaderas
intenciones de Spencer. La gran inversión de Spencer en la investigación
de armas bio-orgánicas aún no se había hecho pública.
La
mayor ventaja en la fabricación de armas bio-orgánicas era que resultaba
relativamente barata si se combinaba con un sistema de distribución de
armamento convencional.
La
cantidad de dinero invertida por Spencer era del todo innecesaria…
Además, ¿para qué iba a necesitar esas armas bio-orgánicas? A fin de
encontrar la respuesta, Wesker se unió al Departamento de Información de
Umbrella.
Aún
después de la caída de la compañía, estas dudas seguían atormentándole.
Por
ello, decidió ir en busca de Spencer. El único problema era que mucho
antes de la disolución de Umbrella, Spencer se había desentendido de las
actividades diarias de la empresa. Wesker tuvo que emplear todos los
recursos de los que disponía (tiempo, dinero y contactos) para
encontrarle. Finalmente, logró averiguar sus paradero.
La
primera noche de otoño, mientras los relámpagos y los truenos agitaban
el cielo, Wesker se presentó en el antiguo castillo europeo donde
residía Spencer. Esperaba que su visita sorprendiera al anciano pero, en
lugar de esos, al verlo, los marchitos ojos de Spencer se iluminaron,
radiantes de complacencia.
“Has
vuelto…”
Apenas
pudo escuchar sus palabras, pronunciadas en medio de una risa
entrecortada por la tos.
Wesker,
que ya tenía sus dudas acerca de Spencer, se sentía completamente
perdido… Fue en ese momento cuando comprendió que el viejo decrépito
había estado controlando todo lo que sucedía en Umbrella. Incluso sus
propias acciones respondían a la manipulación de aquel vetusto ser.
Ante
tal revelación, Wesker descubrió cuál había sido la causa de su
ansiedad durante aquellos años.
Como si
fuera capaz de leerle el pensamiento, Spencer se lo contó todo.
El
desarrollo de armas bio-orgánicas era solo una forma de conseguir su
verdadero objetivo: la evolución forzosa de la humanidad a través de
determinados virus.
Sería
el final de la Humanidad tal y como se conocía hasta ahora, y el
nacimiento de una raza superior con la que Spencer estaba dispuesto a
crear su propia utopía, asumiendo el papel de dios sobre la Tierra.
Para
cumplir su sueño, solo necesitaba tres cosas…
- En
primer lugar, el virus Progenitor, sin el cual sus deseos nunca
podrían materializarse. Una vez creado, este virus le proporcionaría
la base a partir de la cual llevar a cabo el resto de sus planes.
- En
segundo lugar, Umbrella Corporation. La fabricación de armas bio-orgánicas
era el método perfecto para desarrollar su investigación sobre el
virus Progenitor. Todos los beneficios obtenidos a través de
Umbrella eran algo secundario a sus objetivos.
- Y
por último, Spencer necesitaba al propio Wesker. Spencer conocía muy
bien cuáles eran los requisitos para la creación de su utopía… y
también sabía que una nueva raza de seres humanos era necesaria.
Pero, ¿cómo serían los ejemplares de la nueva especie?
El
virus Progenitor realizaría una selección natural entre la población.
Esa era la premisa fundamental de sus planes. El único problema que
podría surgir era que la nueva raza resultante de dicho proceso de
selección no compartiera su misma visión del mundo.
Esta
evolución forzosa daría a los supervivientes una fuerza y una
inteligencia superiores, pero no afectaría a los conocimientos, la
lógica o la personalidad de los sujetos. Por tanto, la supervivencia de
personas indolentes o indeseables podría poner en peligro la utopía de
Spencer. Como no estaba dispuesto a tolerar ningún tipo de interferencia
en su visión del futuro, planeó una forma de impedir que esto sucediera.
Este
plan fue denominado plan Wesker, en honor al último investigador jefe de
la época.
Consistía en reunir a cientos de niños nacidos de padres de inteligencia
superior pertenecientes a distintas nacionalidades.
Si la
manipulación genética no podía alterar sus conocimientos, pensamiento
lógica y fuerza de voluntad, entonces el propio Spencer les inculcaría
sus valores por cualquier medio.
Todos
los niños recibieron el apellido Wesker y, tras finalizar el periodo de
adoctrinamiento y manipulación, fueron empleados en entornos controlados
de distintas partes del mundo, siempre bajo la estricta vigilancia de
Umbrella.
Por
supuesto, era esencial que los niños no superan que estaban siendo
vigilados. Con la ayuda secreta de Umbrella, todos recibieron la mejor
educación disponible en las áreas que escogieron.
Transcurridos unos años, el niño Wesker que demostró tener el mayor
potencial fue enviado al Centro de Formación de Umbrella en Raccoon City.
Su nombre era Albert.
Spencer
estaba muy satisfecho con la evolución de Albert y pensaba que, si el
resto de los niños resultaban ser como él, contaría con una estirpe
altamente cualificada para su nueva raza de seres humanos.
A
continuación, Spencer inició la segunda fase de su plan.
A todos
los niños Wesker se les administrará un virus experimental.
El
virus realizaría una criba y sacaría a relucir quiénes eran los más
dotados.
Algunos
probaron el virus porque se lo recomendó un amigo; otros lo recibieron
como parte de sus tratamientos médicos; a otros fue necesario
administrárselo por la fuerza.
Albert
Wesker no fue una excepción. Su compañero, William Birkin, le dio el
virus experimental y él mismo se lo administró a sí mismo.
Sin
embargo, el proceso resultó ser demasiado selectivo y la mayoría de los
niños Wesker murieron.
Solo
quedaron unos pocos supervivientes, entre los que se encontraba Albert
Wesker. Al poco tiempo de esto, Albert desapareció.
Spencer
no parecía preocupado por los resultados. Todos y cada uno de los niños
Wesker tenían incorporado un dispositivo de seguridad infalible: el
propio Spencer.
Esa era
la causa del malestar que Albert había sentido toda su vida. Los niños
Wesker habían sido programados para buscar a Spencer, hecho que se
manifestaba en una forma de ansiedad. Tal y como había previsto Spencer,
Albert terminó por reunirse con él.
Lamentablemente, a Spencer se le había escapado un detalle: dicho
sistema de seguridad solo funcionaba si permanecía en secreto; una vez
revelado, Wesker ya no tenía ningún motivo para contenerse. Todo lo que
se interponía en su camino era un viejo decrépito a las puertas de la
muerte.
“El
derecho a ser un dios… Ahora ese derecho es mío”.
Con
estas palabras, Wesker rompió las cadenas que lo habían mantenido unido
a Spencer.
Aunque
fue la casualidad lo que llevó a sus antiguos subordinados, Chris
Redfield y Jill Valentine, a la mansión de Spencer en este mismo
momento, Wesker lo interpretó como una señal.
Los
débiles siempre se opondrían a la voluntad de los elegidos.
Con
renovado entusiasmo, Wesker reflexionó sobre su evolución y la de la
raza humana.
Tras el
incidente en la mansión de Spencer, se escondió y utilizó la muerte de
este para enmascarar sus actividades. Gracias a su puesto en Umbrella,
había logrado hacerse con el virus y con el capital que necesitaba.
A
continuación, concentró todos sus esfuerzos en hacer triunfar del
proyecto Uroboros y erigirse como el próximo dios de la nueva Humanidad. |